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title: "Aferrados a nuestros móviles: Byung-Chul Han contra el ‘smartphone’ como oso de peluche digital"
url: https://columnadigital.com/aferrados-a-nuestros-moviles-byung-chul-han-contra-el-smartphone-como-oso-de-peluche-digital/
language: es
publisher: "Columna Digital"
author: "Redacción"
section: "Cultura"
published: 2021-10-02T05:46:04.000Z
updated: 2021-10-02T19:42:26.000Z
id: cf5da0b6-8983-42dc-9ff2-d561ca447f19
source: "elpais.com https://elpais.com/ideas/2021-10-02/aferrados-a-nuestros-moviles-byung-chul-han-contra-el-smartphone-como-oso-de-peluche-digital.html"
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# Aferrados a nuestros móviles: Byung-Chul Han contra el ‘smartphone’ como oso de peluche digital

Hoy llevamos el smartphone a todas partes y delegamos nuestras percepciones en el aparato. Percibimos la realidad a través de la pantalla. La ventana digital diluye la realidad en información, que luego registramos. No hay contacto con cosas. Se las priva de su presencia.

Hoy llevamos el *smartphone* a todas partes y delegamos nuestras percepciones en el aparato. Percibimos la realidad a través de la pantalla. La ventana digital diluye la realidad en información, que luego *registramos*. No hay *contacto con cosas.* Se las priva de su *presencia*. Ya no percibimos los *latidos materiales* de la realidad. La percepción se torna luz incorpórea. El *smartphone* irrealiza el mundo.

Las cosas no nos espían. Por eso tenemos *confianza* en ellas. El *smartphone,* en cambio, no solo es un infómata, sino un informante muy eficiente que vigila permanentemente a su usuario. Quien sabe lo que sucede en su interior algorítmico se siente con razón perseguido por él. Él nos controla y programa. No somos nosotros los que utilizamos el *smartphone,* sino el *smartphone* el que nos utiliza a nosotros. El verdadero actor es el *smartphone*. Estamos a merced de ese informante digital, tras cuya superficie diferentes actores nos dirigen y nos distraen.

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El *smartphone* no solo tiene aspectos emancipadores. La continua accesibilidad no se diferencia en gran medida de la servidumbre. El *smartphone* se revela como un campo de trabajo móvil en el que nos encerramos voluntariamente. El *smartphone* es también un *pornófono*. Nos desnudamos voluntariamente. Funciona como un confesonario portátil. Prolonga el “poderío sagrado del confesonario” en otra forma.

Cada dominación tiene su particular devoción. El teólogo Ernst Troeltsch habla de “los cautivadores objetos devocionales de la imaginación popular”. Estabilizan la dominación al hacerla habitual y anclarla en el cuerpo. Ser devoto es ser sumiso. El *smartphone* se ha establecido como devocionario del régimen neoliberal. Como aparato de sumisión, se asemeja al rosario, que es tan móvil y manejable como el *gadget* digital. El *like* es el amén digital. Cuando damos al botón de “Me gusta”, nos sometemos al aparato de la dominación.

Plataformas como Facebook o Google son los nuevos señores feudales. Incansables, labramos sus tierras y producimos datos valiosos, de los que ellos luego sacan provecho. Nos sentimos libres, pero estamos completamente explotados, vigilados y controlados. En un sistema que explota la libertad, no se crea ninguna resistencia. La dominación se consuma en el momento en que concuerda con la libertad.

Hacia el final de su libro *La era del capitalismo de la vigilancia,* Shoshana Zuboff evoca la resistencia colectiva que precedió a la caída del muro de Berlín: “El muro de Berlín cayó por muchas razones, pero, sobre todo, porque la gente de Berlín oriental se dijo: ‘¡Ya está bien! (…) ¡Basta!’. Tomemos esto como *nuestra* declaración”. El sistema comunista, que *suprime* la libertad, difiere fundamentalmente del capitalismo neoliberal de la vigilancia, que *explota* la libertad. Somos demasiado dependientes de la droga digital, y vivimos aturdidos por la fiebre de la comunicación, de modo que no hay ningún “¡Basta!”, ninguna voz de resistencia (…)

El régimen neoliberal es en sí mismo *smart* (inteligente). El poder *smart* no funciona con mandamientos y prohibiciones. No nos hace dóciles, sino dependientes y adictos. En lugar de quebrantar nuestra voluntad, sirve a nuestras necesidades. Quiere complacernos. Es permisivo, no represivo. No nos impone el silencio. Más bien nos incita y anima continuamente a comunicar y compartir nuestras opiniones, preferencias, necesidades y deseos. Y hasta a contar nuestras vidas. Al ser tan amistoso, es decir, *smart,* hace invisible su intención de dominio. El sujeto sometido ni siquiera es consciente de su sometimiento. Se imagina que es libre. El capitalismo consumado es el capitalismo del “Me gusta”. Gracias a su permisividad no tiene que temer ninguna resistencia, ninguna revolución.

Dada nuestra relación casi simbiótica con el *smartphone,* se presume ahora que este representa un objeto de transición. Objeto de transición llama el psicoanalista Donald Winnicott a aquellas cosas que posibilitan en el niño pequeño una transición segura a la realidad. Solo por medio de los objetos de transición crea el niño un espacio de juego, un “espacio intermedio” en el que “se relaja como si estuviera en un lugar de descanso seguro y no conflictivo”. Los objetos de transición construyen un puente hacia la realidad, hacia el otro, que se sustrae a su fantasía infantil de omnipotencia.

Desde muy temprano, los niños pequeños agarran objetos como los extremos de un cobertor o una almohada para llevárselos a la boca o acariciarse con ellos. Más adelante toman un objeto entero como una muñeca o un peluche. Los objetos de transición cumplen una importante función vital. Dan al niño una sensación de seguridad. Le quitan el miedo a estar solo. Crean confianza y seguridad. Gracias a los objetos de transición, el niño se desarrolla lentamente en el mundo que lo rodea. Son las primeras cosas del mundo que estabilizan la vida de la primera infancia.

El niño mantiene una relación muy intensa e íntima con su objeto de transición. El objeto de transición no debe alterarse ni lavarse. Nada tiene que interrumpir la experiencia de su cercanía. El niño entra en pánico cuando extravía su objeto querido. Aunque el objeto de transición es una posesión suya, tiene cierta vida propia. Para el niño se presenta como una entidad independiente y personal. Los objetos de transición abren un espacio *dialógico* en el cual el niño encuentra al *otro*.

Cuando extraviamos nuestro *smartphone,* el pánico es total. También tenemos una relación íntima con él. De ahí que no nos guste dejarlo en otras manos. ¿Puede entonces compararse a un objeto de transición? ¿Sería como un oso de peluche digital? Esto se contradice con el hecho de que el *smartphone* es un objeto narcisista. El objeto de transición encarna al otro. El niño habla y se acurruca con él como si fuera otra persona. Pero nadie se arrima al *smartphone*. Nadie lo percibe propiamente como un otro. A diferencia del objeto de transición, no representa una cosa querida que sea insustituible. Al fin y al cabo, compramos regularmente un nuevo *smartphone*. (…) A diferencia del objeto de transición, el *smartphone* es *duro*.

El *smartphone* no es un oso de peluche digital. Más bien es un objeto narcisista y autista en el que uno no siente a otro, sino ante todo *a sí mismo*. Como resultado, también destruye la empatía. Con el *smartphone* nos retiramos a una esfera narcisista protegida de los *imponderables del otro*. Hace que la otra persona esté *disponible* al transformarla en objeto. Convierte el *tú* en un *ello*. La *desaparición del otro* es precisamente la razón ontológica por la que el *smartphone* hace que nos sintamos solos. Hoy nos comunicamos de forma tan compulsiva y excesiva porque estamos solos y notamos un vacío. Pero esta hipercomunicación no es satisfactoria. Solo hace más honda la soledad, porque falta la* presencia del otro*.

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) es filósofo y ensayista y da clases en la Universidad de las Artes de Berlín. Este extracto es un adelanto de ‘No cosas. Quiebras del mundo de hoy’, que publica Taurus este 7 de octubre.

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Source: [elpais.com](https://elpais.com/ideas/2021-10-02/aferrados-a-nuestros-moviles-byung-chul-han-contra-el-smartphone-como-oso-de-peluche-digital.html)  
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