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title: "Hablemos de diseño: Cuando la música completa la mística"
url: https://columnadigital.com/hablemos-diseno-cuando-musica-completa-mistica/
language: es
publisher: "Columna Digital"
author: "Lorena Noyola Piña"
section: "Columnas"
published: 2026-11-02T14:24:30.690Z
updated: 2026-11-02T14:25:55.958Z
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# Hablemos de diseño: Cuando la música completa la mística

El viernes cerramos el Primer Congreso Internacional Los tiempos de Méndez Arceo en la Capilla Abierta de la Catedral de Cuernavaca. Después de tres días de conferencias, mesas y conversaciones, el último encuentro fue particularmente especial: escuchamos al Mariachi Olac interpretar la Misa Panamericana, con un aforo muy copioso; además, quienes estábamos ahí comenzamos también a cantar con el mariachi.

Mientras ocurría todo esto, afuera de la Catedral pasaba el desfile de Mixquic. La música, las voces, la gente reunida, el movimiento en el exterior y la propia arquitectura de la Catedral produjeron durante unos minutos una experiencia difícil de separar en partes. Fue uno de esos momentos en los que el espacio parece transformarse aunque físicamente siga siendo el mismo. Para hacerlo todavía más especial, las palomas revoloteaban sobre nosotros, acentuando el carácter casi místico de la experiencia.

La semana pasada escribí precisamente sobre algunos elementos de diseño vinculados con este congreso: la tipografía, la arquitectura religiosa y las modificaciones realizadas en la Catedral de Cuernavaca durante el obispado de Sergio Méndez Arceo. La primera conferencia del viernes, dedicada a la obra de Chávez de la Mora, volvió justamente sobre algunas de esas transformaciones. En mi columna hablé de cómo transformar un espacio modifica también la manera en que las personas se relacionan dentro de él. Esta vez escribo sobre algo distinto: un espacio también puede cambiar a través de aquello que escuchamos.

En la década de los sesenta comenzó a celebrarse en la Catedral de Cuernavaca la llamada Misa Panamericana, conocida también popularmente como misa de mariachi. La incorporación de música popular latinoamericana a la liturgia formaba parte de una búsqueda por acercar la celebración religiosa a la experiencia cultural de quienes participaban en ella.

Vista desde el diseño, esta idea resulta muy interesante porque solemos pensar primero en aquello que podemos ver. Hablamos de color, forma, objetos, imágenes, iluminación, tipografía o composición. Sin embargo, nuestra experiencia de un espacio nunca es exclusivamente visual. También escuchamos, tocamos, olemos, reconocemos temperaturas, percibimos distancias y sentimos la presencia de otras personas. Así, el sonido forma parte de la manera en que construimos un lugar.

Un mismo espacio puede experimentarse de formas completamente distintas dependiendo de lo que ocurre sonoramente dentro de él. Por ejemplo, un restaurante silencioso no se vive igual que uno lleno de conversaciones y música; una plaza cambia cuando comienza a tocar una banda y una ceremonia adquiere otro carácter cuando entra una determinada música. Las paredes permanecen en su sitio, pero nuestra percepción del espacio se modifica, nos transporta y nos permite vivir otras experiencias.

En una iglesia esta relación adquiere una dimensión simbólica vinculada con la espiritualidad. La arquitectura produce condiciones particulares para el sonido: las voces resuenan, los instrumentos ocupan el espacio y la música envuelve también a quienes participan. Cuando aquello que escuchamos pertenece además a nuestro repertorio y contexto cultural, el sonido puede producir reconocimiento, memoria y pertenencia.

Eso fue precisamente lo que me pareció tan especial del cierre del congreso. Cuando empezamos a cantar dejó de existir una separación tan clara entre quienes producían la música y quienes la escuchábamos. Poco a poco, la comunidad comenzó a formar parte de la experiencia sonora. La música orienta nuestra atención, marcar momentos, generar una atmósfera, activar recuerdos y modificar nuestra relación emocional con aquello que estamos viviendo; en el caso de la Misa Panamericana, además, puede acompañar una experiencia de acercamiento a Dios.

Además, escuchar música de manera colectiva es muy diferente a escucharla individualmente. En una celebración como la del viernes, las voces, los instrumentos, la arquitectura y la presencia de los demás se mezclaron en una misma experiencia. A esto se sumaba lo que sucedía afuera: el desfile de Mixquic, los sonidos de la calle y una ciudad que continuaba celebrando mientras dentro de la Catedral recuperábamos otra parte de su historia.

Me pareció casi mágico porque, por un momento, distintas temporalidades y expresiones culturales convivieron en el mismo lugar. Esto nos recuerda algo que en diseño olvidamos con cierta facilidad: las personas no experimentamos el mundo separando cuidadosamente cada uno de nuestros sentidos. Vemos mientras escuchamos, nos movemos mientras observamos y construimos significados a partir de todo aquello que ocurre simultáneamente a nuestro alrededor.

Por eso algunas experiencias permanecen tanto tiempo en nuestra memoria. No recordamos solamente aquello que vimos. Recordamos también lo que escuchamos, cómo participamos y con quiénes compartimos ese momento. Algunas veces, para transformar un espacio, no hace falta mover un solo muro. Basta con escuchar cómo cambia la mística con la música. Eso fue precisamente parte de lo que se vivió en los tiempos de Méndez Arceo y de lo que pudimos recuperar en el cierre del congreso.

Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.

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