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title: "Hablemos de diseño: ¿Para quién diseñamos un sitio web?"
url: https://columnadigital.com/hablemos-diseno-quien-disenamos-sitio-web/
language: es
publisher: "Columna Digital"
author: "Lorena Noyola Piña"
section: "Columnas"
published: 2026-10-19T00:16:54.437Z
updated: 2026-10-19T00:02:06.159Z
id: e2e22925-d2ca-44ae-9bd6-8dee7d5c6b74
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# Hablemos de diseño: ¿Para quién diseñamos un sitio web?

Hace unos días entré a un sitio web buscando un dato bastante sencillo. Pensé que tardaría un par de minutos, pero terminé recorriendo varias páginas sin encontrarlo. Había fotografías grandes, distintos botones, menús que se desplegaban y numerosos contenidos, pero no conseguía identificar con claridad cuál era el camino que debía seguir. En algún momento incluso regresé a la página de inicio pensando que seguramente había pasado por alto algo evidente.

Entonces me pregunté si el sitio me estaba diciendo con suficiente claridad dónde estaba la información. Esta es una de las cosas que más me interesan del diseño de interfaces. Diseñar un sitio web no consiste solamente en acomodar textos, imágenes y botones dentro de una pantalla; también significa anticipar qué creerá una persona que puede hacer con aquello que tiene frente a ella, qué encontrará primero, qué entenderá como importante y qué camino seguirá para conseguir lo que necesita.

Cuando la información está bien jerarquizada, generalmente no pensamos demasiado en ello porque intuitivamente nos movemos en el espacio de la interfaz. Reconocemos un título, entendemos dónde comienza una sección, distinguimos un botón de un texto informativo y podemos anticipar qué sucederá si hacemos clic. Pero cuando prácticamente todos los elementos tienen el mismo peso, cuando los nombres de las secciones no corresponden con aquello que buscamos o cuando una acción que debería ser evidente requiere adivinar, el tránsito por ese sitio se vuelve muy complicado.

Todo sitio web parece tener en mente a una persona que lo utilizará. Podemos pensar en ella como un usuario implícito: alguien a quien el diseño atribuye determinadas capacidades, conocimientos y condiciones para navegar, aunque nunca se diga expresamente quién es.

sitio puede estar diseñado pensando, sin decirlo, en alguien que ve perfectamente la pantalla, entiende rápidamente sus íconos, utiliza un mouse con precisión, distingue los contrastes, puede leer tipografías pequeñas, conoce ciertas convenciones digitales y sabe qué significan palabras que para quien diseñó resultan obvias.

El problema es que los usuarios somos mucho más diversos: una persona puede tener baja visión, utilizar solamente el teclado, requerir un lector de pantalla, navegar desde un teléfono pequeño, tener una conexión lenta o simplemente desconocer la lógica que quien diseñó consideró evidente.

Incluso cualquiera de nosotros puede encontrarse temporalmente en condiciones distintas: estar en un lugar con demasiada luz, tener una mano ocupada, olvidar los lentes o intentar consultar un sitio rápidamente mientras hacemos otra cosa.

Por eso la accesibilidad de un sitio web no puede reducirse a aumentar el tamaño de la letra o colocar suficiente contraste entre texto y fondo. También existe una dimensión que no necesariamente vemos en la pantalla: cómo está construido el sitio para que distintas tecnologías puedan interpretarlo.

Por ejemplo, una página puede verse perfectamente ordenada y, sin embargo, estar programada de tal manera que un lector de pantalla no pueda reconocer con claridad qué es un encabezado, cuál es el nombre de un botón, en qué orden debe recorrerse la información o qué representa una imagen. Para nosotros existe una jerarquía visual, pero si esa jerarquía no está correctamente estructurada en el código, puede perderse para quien utiliza tecnología de asistencia. Esto me parece muy importante porque demuestra que la inclusión también se diseña en aquello que no vemos, como el código de un sitio web.

Las Pautas de Accesibilidad para el Contenido Web plantean precisamente que la información debe poder percibirse, utilizarse y comprenderse de distintas maneras y ser compatible con tecnologías de asistencia. Como todo el diseño universal se trata de diseñar considerando desde el inicio que no todos accedemos a la información de la misma forma.

Lo mismo sucede con la arquitectura y la jerarquía de la información. Cuando entramos a un sitio normalmente no queremos admirar durante mucho tiempo cómo fue diseñado. Queremos hacer algo: localizar un dato, leer una noticia, realizar un trámite, comprar un producto, descargar un documento o comunicarnos con alguien.

El diseño tendría que ayudarnos a reconocer ese camino y no obligarnos a descubrir la lógica interna de quien construyó la página.

Por eso conocer al usuario significa, además de saber su edad o construir un perfil general, también preguntarnos en qué condiciones utilizará el sitio, qué conocimientos podemos realmente suponer, qué dificultades pueden aparecer y qué alternativas tendremos si una determinada forma de interacción no funciona para esa persona. Un sitio puede ser visualmente atractivo y técnicamente sofisticado y, aun así, resultar difícil de usar. También puede funcionar perfectamente para quien lo diseñó y volverse una barrera para alguien que se aproxima desde condiciones diferentes. Diseñar significa anticipar lo que una persona creerá que puede hacer con aquello que tiene frente a ella.

Mientras más limitado sea el usuario que imaginamos, más posibilidades tendremos de dejar a otras personas fuera.

Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.

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