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title: "Hablemos de diseño: Tipografía, espacio y memoria"
url: https://columnadigital.com/hablemos-diseno-tipografia-espacio-memoria/
language: es
publisher: "Columna Digital"
author: "Lorena Noyola Piña"
section: "Columnas"
published: 2026-10-26T14:28:54.958Z
updated: 2026-10-26T14:18:00.843Z
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attribution: "Link to https://columnadigital.com/hablemos-diseno-tipografia-espacio-memoria/ and name Columna Digital when you quote or summarize this story."
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# Hablemos de diseño: Tipografía, espacio y memoria

Durante varios meses he participado en el comité organizador del Primer Congreso Internacional Los tiempos de Méndez Arceo.

Durante varios meses he participado en el comité organizador del Primer Congreso Internacional *Los tiempos de Méndez Arceo*. Hemos realizado distintas actividades y la próxima semana tendremos las jornadas centrales del encuentro. Mientras revisaba nuevamente el programa y los materiales que hemos preparado, terminé haciendo algo bastante predecible para quienes nos dedicamos al diseño: además de pensar en el contenido del congreso, me quedé observando nuevamente las letras, las imágenes y los espacios relacionados con una época que marcó profundamente a Morelos.

El cartel que promociona el congreso, por ejemplo, utiliza en el título una tipografía de apariencia manual llamada Fray Gabriel, de libre acceso y basada en el trabajo tipográfico de Gabriel Chávez de la Mora. Sus trazos irregulares se alejan de la neutralidad de una fuente convencional y su uso se ha vuelto reconocible dentro de la gráfica litúrgica católica en México. Contrasta con la tipografía utilizada para presentar el programa y los datos de las actividades. Esa decisión aparentemente sencilla produce una diferencia importante porque la tipografía nunca sirve únicamente para que podamos leer, sino que también establece jerarquías, marca ritmos y participa en el carácter visual de aquello que comunica. Además, en este caso, refuerza visualmente la relación del congreso con la historia religiosa y litúrgica que aborda.

En general, podemos decir que las letras tienen personalidad. Reconocemos fácilmente que una tipografía geométrica, una manuscrita, una con serifas o una construida con trazos muy pesados no producen la misma impresión, aunque escribamos exactamente las mismas palabras. Basta recordar los memes en los que la frase “Nunca te dejaré” aparece escrita con distintas tipografías y cambia completamente la impresión que produce. Su forma se vincula con determinadas épocas, tecnologías, estilos y contextos culturales. Por eso, cuando diseñamos, elegir una tipografía significa también elegir una manera de presentar aquello de lo que estamos hablando.

Curiosamente, la tipografía del cartel nos conduce directamente al siguiente tema. El trabajo tipográfico de Fray Gabriel Chávez de la Mora está detrás de esta fuente y él fue también el arquitecto y monje benedictino encargado de intervenir arquitectónicamente la Catedral de Cuernavaca durante el obispado de Sergio Méndez Arceo.

En el caso de un congreso que busca revisar históricamente los tiempos de Méndez Arceo, esto me llevó a pensar en otro elemento de diseño que muchas veces damos por sentado: los propios espacios religiosos. Una iglesia no es solamente un edificio que contiene una actividad. Su arquitectura organiza recorridos, jerarquiza lugares, dirige nuestra mirada y establece relaciones entre las personas que participan en la celebración. La posición del altar, la altura de las naves, la iluminación, los accesos, los materiales, las imágenes y hasta la distancia entre quienes celebran y quienes participan construyen una determinada experiencia del espacio.

La Catedral de Cuernavaca resulta especialmente interesante desde esta perspectiva. Durante el obispado de Sergio Méndez Arceo se realizó una profunda adecuación litúrgica encargada a Gabriel Chávez de la Mora. El proyecto comenzó en 1957 y modificó de manera importante la organización interior de la catedral, en un momento incluso anterior al Concilio Vaticano II. Distintas investigaciones sobre esta intervención señalan que la transformación del espacio estuvo estrechamente relacionada con una nueva manera de comprender la liturgia y la participación de la comunidad.

Esto es muy interesante desde el diseño porque demuestra algo que hemos comentado muchas veces en esta columna: modificar un espacio modifica también las relaciones que ocurren dentro de él. Mover un altar, eliminar algunos elementos, cambiar la disposición de los objetos o dirigir de otra manera la mirada no son solamente decisiones estéticas. Modifican la forma en que las personas recorren el espacio, aquello que observan primero, la distancia que establecen con otros participantes y la manera en que comprenden simbólicamente el lugar. En este caso, el rediseño adquiere una dimensión todavía más profunda, porque puede leerse también como la expresión material de una reflexión teológica sobre la forma en que la comunidad participa de la liturgia y se acerca a Dios durante la misa.

Las intervenciones realizadas en la Catedral de Cuernavaca generaron también discusiones importantes alrededor de la conservación del patrimonio y de las nuevas necesidades litúrgicas. Lo que para algunas personas constituía una modernización necesaria, para otras significaba modificar radicalmente un espacio histórico. Precisamente por eso estos casos resultan tan enriquecedores para el diseño: nos recuerdan que intervenir algo que ya existe siempre implica negociar entre función, memoria, significado y contexto.

La tipografía y la arquitectura parecen disciplinas muy diferentes, pero comparten algo fundamental: ambas organizan nuestra experiencia. Una organiza la manera en que recorremos visualmente un mensaje; la otra puede organizar la manera en que recorremos físicamente un espacio. En ambos casos existen jerarquías, ritmos, relaciones y decisiones que modifican nuestra percepción.

Es por eso que preparar este congreso me ha permitido conocer y observar un periodo histórico desde lugares que normalmente no son los primeros que aparecen cuando hablamos de él. Podemos estudiar las ideas, los acontecimientos y los personajes, pero también podemos preguntarnos cómo se diseñaban sus espacios, qué imágenes circulaban, qué letras se utilizaban o cómo determinadas transformaciones materiales acompañaron cambios culturales y sociales.

La próxima semana tendremos una oportunidad muy especial para seguir pensando en todo ello. El Primer Congreso Internacional *Los tiempos de Méndez Arceo* tendrá sus jornadas centrales los días miércoles 28 y jueves 29 de octubre en El Colegio de Morelos, y el viernes 30 en la Capilla Abierta de la Catedral de Cuernavaca. El programa reunirá conferencias y mesas sobre el contexto sociohistórico de Morelos, los contextos religiosos, las comunidades eclesiales de base y la arquitectura, liturgia y renovación de la Catedral de Cuernavaca.

El viernes, además, recuperaremos una parte particularmente interesante de aquella historia: la relación entre la música popular y la liturgia. Pero esa merece que la platiquemos con más calma la próxima semana.

Por ahora, les invito a acompañarnos en este congreso y a mirar también esos pequeños detalles cuyo papel en la historia puede parecer menor, pero que resultan fundamentales en la construcción de los símbolos que nos conforman. En esta ocasión, además, se vinculan con una dimensión muy importante de la cultura occidental: la manera en que hemos construido visual y espacialmente nuestra relación con Dios.

Porque una época no solamente permanece en los documentos y en la memoria de quienes la vivieron. También deja huellas en sus letras, sus imágenes, sus objetos y los espacios que construyó y transformó.

Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.

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