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title: "¿Otra ronda?"
url: https://columnadigital.com/otra-ronda/
language: es
publisher: "Columna Digital"
author: "Redacción"
section: "Cultura"
published: 2021-06-05T15:39:00.000Z
updated: 2026-10-13T00:59:54.235Z
id: a25eb540-50a7-4cfa-a136-ecb07909501a
source: "elpais.com https://elpais.com/icon/cultura/2021-06-05/otra-ronda.html"
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# ¿Otra ronda?

Fui al cine a ver Otra ronda y no me gustó nada. Le dediqué una sola frase –indignadísima– en mis notas: “Es como Maridos, pero en danés y con coartada (son profesores y hay estado de bienestar)”.

Fui al cine a ver* Otra ronda* y no me gustó nada. Le dediqué una sola frase –indignadísima– en mis notas: “Es como *Maridos,* pero en danés y con coartada (son profesores y hay estado de bienestar)”. Con *Maridos *me refería a la película de John Cassavetes, que ya mencioné en este mismo lugar en enero: el retrato de una señora crisis de la mediana edad en medio de una borrachera larguísima. Que es precisamente lo que me pareció *Otra ronda,* con el añadido previsible que tiene apostarlo todo al arco vital de la borrachera.

Espero que el lector sepa perdonarme la crítica cinematográfica de bolsillo, y sobre todo la pedantería de plasmarla aquí: confieso que he ido regalando mi opinión sobre este tema por todo lo largo y ancho de mis conversaciones con familiares, amigos y conocidos. Contribuye a mi jactancia el consenso que existe alrededor de la película, ganadora del Oscar al filme extranjero y seductora automática de buena parte de mi entorno. Mis amigos salieron felices del cine: la vieron tomando un gintonic.

Recuerdo perfectamente la conversación con mi padre y el orgullo herido por reconocerme en su reproche, pero también el gusto de mantenerme en mis trece: de aquella época conservo la capacidad para contarle mi opinión a cualquier incauto, y supongo que un irritante desprecio por el consenso. Pero, me pregunto, ¿dónde está el límite entre disfrutar dando tu punto de vista y disfrutar, digámoslo ya, tocando los cojones? ¿Acaso no se pisan constantemente?

Lo que pasa, en realidad, es que me resulta difícil diferenciar cuándo digo lo que pienso y cuándo quiero tocar las narices, simplemente. Ya me pasaba de pequeño. Cuando Renault cambió de logo, en 1992, del familiar rombo estriado a una superficie pulida que sugería fluidez y tridimensionalidad, me quejé a mi padre. “Pues a mí me gusta”, me dijo él distraídamente. Qué frívolo de ellos, repuse yo, firme creyente en que un logo es para siempre a la tierna edad de 12 años. Mi padre se giró y me respondió: “Eres insoportable”, con bastante razón. Hoy entiendo la naturaleza cíclica de los cambios, de logo o de lo que sea, especialmente en un presente vertiginoso. Aquel de Renault había persistido casi igual hasta ahora mismo, que justo acaba de cambiar por otro que recuerda al de mi infancia.

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Source: [elpais.com](https://elpais.com/icon/cultura/2021-06-05/otra-ronda.html)  
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