Miles de hinchas desafiaron el frío y la lluvia en Buenos Aires este lunes, 20 de julio de 2026, para dar una cálida bienvenida a la selección argentina, que regresó al país tras perder la final del Mundial ante España. La llegada fue un momento de contrastes: a diferencia de las celebraciones eufóricas de hace cuatro años tras el título en Catar, esta vez la atmósfera estaba marcada por la tristeza, especialmente con la notable ausencia de Lionel Messi, quien viajó directamente a Miami tras el partido.
A pesar de la derrota, las calles se llenaron de vida y energía. Los aficionados, con banderas y cánticos, dieron rienda suelta a su apoyo, bailando y lanzando fuegos artificiales para agradecer a los jugadores por su esfuerzo. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) había anunciado que algunos miembros del plantel, incluido Messi, no formarían parte de la delegación que regresó, lo que dejó una sensación de vacío entre los seguidores.
El entrenador Lionel Scaloni, junto a su cuerpo técnico y parte del plantel, fue recibido con honores en el aeropuerto de Ezeiza, donde se desplegó una alfombra roja y una banda militar para marcar el momento. Los jugadores que sí regresaron, como Emiliano “Dibu” Martínez y Nicolás Otamendi, fueron aplaudidos por miles de fanáticos que los acompañaron en un trayecto lleno de vítores.
Messi, en un emotivo mensaje en Instagram, expresó: “El dolor es muy grande y va a costar cerrar esta herida”. Su compañero Lautaro Martínez también compartió sus sentimientos: “Lo intentamos, por segundo Mundial consecutivo llegamos a una final del mundo, esta vez no se nos dio”.
El camino de regreso al centro fue una mezcla de emociones. A pesar del lamento por la final perdida, el rostro serio de los jugadores se iluminó al ver a los aficionados. Leonardo Barrientos, un trabajador textil de 36 años, expresó: “Esta selección nos unió a todos y hay que estar agradecidos por eso, logró unir a los argentinos. Siempre vamos a estar para ellos aunque llueva o pierdan”.
La celebración del fútbol argentino culminó en un ambiente festivo en el Obelisco, donde miles se reunieron no solo para llorar la derrota, sino también para dar gracias. Familias enteras disfrutaron de fuegos artificiales y música, reafirmando su apoyo a los subcampeones. Sin embargo, la noche también tuvo sus incidentes, y a medianoche, la policía dispersó a un grupo que provocó desorden, resultando en 15 arrestos.
Mientras tanto, en Madrid, la nueva campeona del mundo, la selección española, desfilaba por las calles ante la mirada de más de dos millones de seguidores, siendo recibida por el rey Felipe VI y el presidente del Gobierno español. El espectáculo contrastaba con el de Buenos Aires, pero ambos mostraban la incansable pasión y commitment de los hinchas hacia sus equipos.
La llegada de la selección argentina simboliza no solo el fin de un viaje en el Mundial, sino también un capítulo en la historia futbolística del país, donde los hinchas continúan mostrando su lealtad inquebrantable, pase lo que pase. La próxima etapa para los jugadores será asimilar la derrota y prepararse para futuros desafíos, mientras que el espíritu de unidad y apoyo entre los aficionados perdura.
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