Lam Wing-kee, un conocido librero de Hong Kong que simbolizó la resistencia contra la opresión de Beijing sobre la libertad de expresión, ha fallecido en Taipei a los 70 años. La Agencia Central de Noticias de Taiwán reportó su muerte, aunque no se especificó la causa. Lam había sufrido una recaída de cáncer el año pasado y fue ingresado en el Hospital Memorial MacKay el pasado martes. Entró en coma el miércoles y falleció la tarde del jueves.
Lam fue un destacado gerente de Causeway Bay Books, una librería que ofrecía títulos prohibidos en la China continental, entre ellos obras que exponían secretos sobre líderes chinos y los escándalos en los que estaban implicados. En 2015, él y otros cuatro asociados desaparecieron, un incidente que generó alarma sobre el creciente control de Beijing en Hong Kong y la erosión de las libertades en la región, que goza de un sistema legal independiente.
En 2019, Lam se trasladó a Taipei debido a temores de represalias legales. En 2020, reabrió su librería con el mismo nombre en la capital taiwanesa. Durante su tiempo en el continente, fue secuestrado por las autoridades chinas. En un relato desgarrador, describió cómo fue trasladado de forma clandestina a través de China, sometido a vigilancia constante y obligado a confesar en televisión. Su caso destacó la falta de transparencia y las violaciones de derechos a las que se enfrentan quienes desafían al gobierno chino.
Las expresiones de condolencias no tardaron en llegar. El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, destacó su valentía en un mensaje en Facebook, resaltando la importancia de la defensa de la libertad y la democracia en la región. Este mensaje subraya la relevancia de su legado en un contexto donde las voces críticas son cada vez más silenciadas.
El cierre de Causeway Bay Books en Taipei había sido anunciado por Lam el mes pasado, lo que generó inquietudes sobre su salud. Tras su muerte, un hombre anónimo dejó una rosa blanca en la entrada de la librería, simbolizando un tributo a su lucha por la libertad de expresión.
La represión en Hong Kong se ha intensificado, con las autoridades deteniendo a individuos bajo un draconiano sistema de leyes de seguridad nacional implementado en 2020, que ha conducido al cierre de publicaciones y la detención de disidentes. Así, Lam Wing-kee se convierte en un recordatorio de los altos costos de la lucha por la verdad y la libertad en tiempos de creciente autoritarismo.
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