La Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) ha reafirmado su intención de “fortalecer” las reglas de origen automotrices establecidas en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Este anuncio se realizó en el marco de un informe destinado al Congreso estadounidense, el tercero en una serie de cinco, que evalúa el impacto del T-MEC en la industria automotriz.
La USTR señala que, a pesar de las estrictas regulaciones actuales, la industria enfrenta retos significativos, incluyendo interrupciones en la cadena de suministro, competencia creciente de China y cambios en la política comercial de EE. UU. Un dato preocupante que emerge del informe es la reducción en el contenido estadounidense de los vehículos fabricados en México y Canadá, así como el persistente déficit comercial automotriz con México.
La próxima Revisión Conjunta del T-MEC, programada para 2026, ofrece una plataforma para que EE. UU. evalúe y potencialmente refuerce estas reglas. Esta revisión también se considera una oportunidad para mitigar los riesgos relacionados con terceros países que no operan bajo economías de mercado, los cuales afectan la cadena de suministro automotriz en América del Norte. La USTR destaca la necesidad de optimizar y simplificar las reglas de origen para facilitar el acceso de proveedores pequeños y medianos a los beneficios del acuerdo.
Uno de los puntos más críticos es la dependencia de componentes electrónicos y otros insumos provenientes de economías no de mercado. Esta situación resulta alarmante, especialmente en el contexto de tecnologías emergentes como los vehículos eléctricos y autónomos, donde la falta de seguridad en la cadena de suministro podría tener consecuencias estratégicas y económicas significativas para fabricantes y trabajadores en la región.
El T-MEC, que ya incrementó el Contenido de Valor Regional del 62.5% al 75%, también incorporó requisitos específicos para la adquisición de ciertas autopartes y materiales como acero y aluminio. En 2025, la administración entonces liderada por Donald Trump impuso aranceles sobre vehículos y sus componentes, justificando estas medidas bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962 por razones de seguridad nacional. Estos aranceles se aplican incluso a bienes que, cumpliendo con las reglas de origen del T-MEC, podrían beneficiarse de ciertas exenciones.
Sin embargo, ante la revisión del T-MEC que se llevará a cabo anualmente, el Congreso ha señalado que Trump enfrenta limitaciones legales para modificar las reglas de origen sin su consentimiento. Históricamente, estas reglas son negociadas y aprobadas por el Congreso en el marco de la legislación de implementación del tratado. Por lo tanto, cualquier intención de ajuste por parte del presidente podría requerir un debate y aprobación congresional.
En esta atmósfera de incertidumbre y potencial cambio legislativo, la USTR se enfrenta al reto de manejar la complejidad de las relaciones comerciales en un contexto global en constante evolución. Así, el desarrollo de estrategias más efectivas y el fortalecimiento de las regulaciones serán clave para garantizar la estabilidad y el crecimiento en el sector automotriz en América del Norte, mientras se evitan dependencias arriesgadas de terceros países.
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