El Mundial de 2026 ha dejado un legado de emociones, pero también un reto considerable para los negocios que se vieron afectados por el desenlace del torneo. A pesar de que la competencia ya ha finalizado, una gran cantidad de inventario permanece en los anaqueles y bodegas de muchas empresas. Desde tiendas de conveniencia hasta comercios electrónicos, la pregunta es: ¿qué harán con lo que no lograron vender?
Conforme al estudio realizado por Deloitte, la industria minorista generó una derrama económica de 433 millones de dólares, superando en un 10% las expectativas iniciales. Sin embargo, los resultados no fueron homogéneos, ya que las ventas se concentraron principalmente en productos relacionados con la Selección Mexicana, como playeras y jerseys. En cambio, artículos decorativos, como tazas y vasos, registraron una caída notable en la demanda una vez que el silbato final sonó.
En este contexto, La Cosita Chula, una empresa dedicada a productos artesanales, se encuentra en una situación complicada. Lanzaron un kit botanero que incluía un tazón y vasos decorados con los colores de México, distribuyéndolos en diversos puntos de venta, incluyendo el Estadio Ciudad de México. Sin embargo, las expectativas de venta no se cumplieron. Su fundador, Alfredo Próspero, comunicó que se están aplicando descuentos del 10%, que aumentarán al 15% si el inventario no se mueve, y en última instancia, el resto podría ser vendido a quienes compran mercancía de liquidación.
La firma ha aprendido que ajustar precios antes de que concluyan los eventos es clave. Con esta estrategia, incluso después de aplicar descuentos, aún logran recuperar entre el 10 y el 15% de utilidad.
Por otro lado, Fábrica de Punto ha optado por un enfoque diferente al crear una prenda atemporal llamada México 26, inspirada en la figura de Quetzalcóatl. Este diseño no solo representaba un reconocimiento a la cultura mexicana, sino que también buscaba trascender el ámbito deportivo. La estrategia resultó efectiva; el producto se agotó durante la inauguración del Mundial, y la empresa se vio obligada a reabastecer en varias ocasiones. Su fundadora, Fernanda Muñoz, destacó que la mayoría de las compras se realizaron a través de su tienda en línea, impulsada por entregas al siguiente día, y recibieron pedidos internacionales.
Estos dos casos demuestran que el éxito no depende solamente de las ventas en el momento del evento. En cambio, debería considerarse la planificación a largo plazo para el destino del inventario. Mientras que algunos emprendedores están optando por descuentos para liberar espacio para nuevas colecciones, otros han decidido diseñar productos que continúen generando ingresos más allá del evento deportivo.
La lección es clara: una estrategia comercial no concluye con la finalización del evento; se extiende hasta que el último artículo se venda. En un mundo de negocios en constante cambio, esta es una consideración esencial que podría determinar el éxito o el fracaso de cualquier emprendimiento post-Mundial.
Los negocios no solo deben prepararse para maximizar las ventas durante el evento, sino también gestionar lo que queda después, asegurando que el impacto económico siga siendo positivo en la recta final.
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