Cuando se menciona a Alan Turing, muchas personas evocan una imagen de un genio aislado, atormentado y sin sentido del humor. Sin embargo, una nueva interpretación de su vida, impulsada por la profesora de literatura inglesa Sarah Dillon de la Universidad de Cambridge, revela un retrato mucho más matizado. Según Dillon, Turing era un hombre “juguetón, divertido, travieso, literario y que disfrutaba de su sexualidad”, un aspecto que sugiere que su vida personal y creativa fue más rica de lo que el mito ha permitido ver.
La profesora Dillon ha transcrito un relato poco conocido escrito por Turing en 1952, justo después de su arresto en Mánchester por “indecencia grave”. Este breve cuento, titulado “Pryce’s Buoy”, arroja luz sobre una faceta de Turing que desafía la visión popular de él como un matemático solitario y aislado. Según Dillon, el relato muestra a un hombre que ama la literatura y que estaba disfrutando de la vida, sin vergüenza alguna por su orientación sexual.
El relato, que se había mantenido en los márgenes del estudio literario, describe la interacción entre dos personajes: Alec Pryce, un científico que representa a Turing, y Ron Miller, un trabajador sexual en apuros. Este encuentro entre ambos personajes resuena con la incertidumbre de las relaciones y el deseo humano, capturando “las tensiones, la duda y la posibilidad de un encuentro sexual”, como explica Dillon.
A lo largo de su carrera, Turing se destacó como el principal descifrado de códigos británico durante la Segunda Guerra Mundial, jugando un papel crucial en la ruptura del código Enigma alemán, que, según algunos historiadores, pudo haber acortado la guerra hasta en cuatro años. Su trabajo posterior en la Universidad de Mánchester sentó las bases para el desarrollo de las computadoras modernas y la inteligencia artificial.
Tras su arresto en 1952, Turing fue sometido a una castración química en lugar de ir a prisión, y falleció en 1954 a la edad de 41 años debido a una intoxicación por cianuro, en un caso considerado como suicidio, aunque algunos sostienen que pudo haber sido un accidente. En 2009, el gobierno del Reino Unido se disculpó por el “atroz” tratamiento que Turing había recibido durante su vida.
A pesar de la famosa película “The Imitation Game”, que difundió una versión hollywoodense de su historia, Dillon destaca que esta simplifica su vida y le otorga un carácter individualista que no se ajusta a la realidad. La ficción presenta a Turing como un héroe solitario, mientras que, como revela el nuevo relato, él era un hombre complejo que mantenía relaciones y compartía su vida con otros.
La publicación de las investigaciones de Dillon en la “Review of English Studies” tiene el potencial de redefinir cómo se ve a Turing y, al mismo tiempo, celebrar a un individuo cuya vida fue rica en matices y alegría, a pesar de las adversidades que enfrentó. Su escritura revela que, lejos de ser un mero genio lógico, Turing fue un ser humano vibrante, al que le apasionaba la literatura y que no se dejó dominar por los acontecimientos trágicos de su vida.
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