Hace treinta y cinco años, Molly Lynch planteó una cuestión fundamental para el mundo de la danza: ¿qué pasaría si los coreógrafos tuvieran un espacio donde crear libremente, sin la presión de presentar una obra finalizada? En ese entonces, Lynch dirigía Ballet Pacifica en Orange County, California, y su visión se concretó en el Pacifica Choreographic Project, un laboratorio para coreógrafos que pronto se volvió un éxito.
En 2004, tras renunciar a su puesto en Ballet Pacifica, Lynch trasladó su innovador proyecto a Irvine, California, bajo el nuevo nombre de National Choreographers Initiative (NCI). Este nuevo enfoque incluyó la participación de cuatro coreógrafos y dieciséis bailarines profesionales de todo el país, quienes utilizaron los estudios de la Universidad de California en Irvine como espacio de ensayo y el Irvine Barclay Theater como sala de presentaciones. Desde entonces, numerosos creadores como Val Caniparoli, Amy Seiwert, Ma Cong y Sidra Bell han emergido de este enriquecedor entorno.
La NCI había continuado de manera anual cada julio desde su creación, con una excepción en 2020, debido a la pandemia. Sin embargo, Lynch ha tomado la difícil decisión de cerrar el proyecto, con una última presentación titulada “The Last Dance” programada para el 25 de julio. En lugar de presentar nuevos coreógrafos, este evento celebrará el legado de los dancemakers de la última década, con la participación de Emily Adams, Julia Feldman, DaYoung Jung y Sarah Tallman. El evento culminará en una celebración al aire libre, marcando así una despedida vibrante.
“Es momento de que la nueva generación asuma proyectos propios”, comparte Lynch, quien también destaca el incremento de los costos operativos del NCI y la disminución del apoyo de donantes en el contexto de organizaciones sin fines de lucro. Esto refuerza la idea de que el arte debe evolucionar con aportaciones frescas y diversas.
La estructura de NCI se ha mantenido consistente a lo largo de los años. Coreógrafos y bailarines aplicaron al programa y, tras un riguroso proceso de selección, trabajaron juntos durante tres semanas. Aunque Lynch nunca promocionó ampliamente el evento, la iniciativa creció principalmente por recomendación. Durante el verano, NCI se convirtió en una plataforma importante para artistas en busca de proyectos durante la temporada baja, promoviendo una renovación constante al limitar la participación de los bailarines a tres años.
La red de conexiones establecida por NCI ha sido fundamental para impulsar carreras. Lynch menciona ejemplos de bailarines que han pasado a ser coreógrafos y de oportunidades laborales que surgieron a partir de estos encuentros. Un claro caso de éxito es el de Ma Cong, actual director artístico del Richmond Ballet, quien fue presentado a Stoner Winslett a través de un bailarín que participó en su obra dentro de NCI.
Al reflexionar sobre el impacto de NCI y prepararse para su despedida, Lynch expresa con satisfacción que ha sido un verdadero proyecto de pasión. Su esperanza es que las relaciones cultivadas a lo largo de las décadas perduren para seguir fortaleciendo la comunidad dancística. En sus propias palabras, “la comunidad de la danza contemporánea, especialmente la ballet, siempre ha sido donde reside mi corazón”.
A medida que se acerca la fecha final, Lynch se siente satisfecha con los logros alcanzados y anticipa la última presentación con una mezcla de nostalgia y gratitud, marcando así un hito en la historia de la danza en California.
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