La reciente tercera ronda de negociaciones para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que se llevó a cabo en Ciudad de México, ha dejado claro que siguen existiendo diferencias significativas entre México y Estados Unidos. Las conversaciones concluyeron esta semana, con ambas delegaciones acordando realizar una cuarta ronda a principios de septiembre en Washington, donde esperan lograr un acercamiento en temas cruciales antes de que finalice el año.
El encuentro estuvo liderado por el secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, y el representante comercial de EE. UU. (USTR), Jamieson Greer. Durante estas reuniones, Greer también se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum en el Palacio Nacional, lo que subraya la importancia de este diálogo para ambos gobiernos.
Al finalizar las sesiones, tanto México como Estados Unidos clasificaron las conversaciones como “constructivas”, destacando avances en varios frentes. Entre los logros se cuentan mejoras en las materias de acero y aluminio, el fortalecimiento de las cadenas regionales de suministro, y una cooperación para impulsar la manufactura en América del Norte. Ambos países coincidieron en la crítica necesidad de disminuir la dependencia de proveedores externos, enfocándose especialmente en mitigar el “free-riding”, un término utilizado para describir el aprovechamiento indebido de beneficios por países ajenos, poniendo su mirada en China.
A pesar de estos avances, sigue siendo un desafío importante la propuesta estadounidense de modificar las reglas de origen para el sector automotriz. Washington busca que al menos el 50% de los componentes de los vehículos fabricados en la región sean producidos exclusivamente en Estados Unidos para acceder a ciertos beneficios arancelarios. México ha rechazado esta posibilidad, argumentando que esto podría romper la esencia de integración regional establecida en el T-MEC y allanar el camino para aumentar ese porcentaje en futuras revisiones. Actualmente, los vehículos deben tener un contenido mínimo de 75% de Norteamérica, con al menos el 40% de su producción proveniente de trabajadores con salarios de al menos 16 dólares por hora.
Otro punto crítico en las negociaciones son los aranceles impuestos por Estados Unidos bajo la Sección 232. México ha exigido la eliminación de un arancel del 25% a los automóviles y del 50% al acero y aluminio procedentes de su territorio, antes de considerar nuevos compromisos en otras áreas del tratado. Sin embargo, hasta el momento, la administración estadounidense no ha mostrado inclinación a retirar estas medidas.
Si bien Washington tiene prioridad en endurecer las reglas de origen, Greer reconoció que los temas más complejos podrían posponerse hasta 2027. Durante su comparecencia ante el Senado estadounidense, el representante explicó que espera lograr acuerdos preliminares con México y Canadá antes de culminar 2026, mientras que las reglas de origen y otras disposiciones laborales y ambientales podrían requerir más tiempo y posiblemente la intervención del Congreso estadounidense.
Un tema que generó tensión fue la vinculación de las negociaciones al tratado de aguas de 1944 entre México y Estados Unidos. Greer hizo comentarios al respecto, pero la presidenta Sheinbaum desmintió que este asunto formara parte de la revisión del T-MEC, sosteniendo que México está cumpliendo con sus obligaciones en materia hídrica y que existe un acuerdo entre ambos países sobre este tema.
De cara al futuro, la próxima ronda de negociaciones se programó para septiembre en Washington, donde se intentará avanzar en aquellos aspectos que todavía presentan desacuerdos. Estas conversaciones son parte del proceso de revisión iniciado tras la decisión del gobierno de Donald Trump de no extender automáticamente el tratado por otros 16 años, lo que inicia un periodo de revisiones anuales que podría extenderse hasta una década si no se alcanza un consenso entre las partes. Las expectativas de gobiernos y empresas continúan en torno a lograr acuerdos parciales que reduzcan la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC, el principal acuerdo comercial de América del Norte.
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