El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha llegado a Washington este lunes, con la intención de reunirse mañana con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. Este encuentro se produce en un momento de tensiones inusuales entre ambos gobiernos, particularmente en relación con la política estadounidense hacia Irán y la posible venta de aviones de combate F-35 a Turquía.
Netanyahu, que partió con un retraso significativo de más de dos horas, utilizó un avión gubernamental desde la base de Nevatim, un cambio de protocolo habitual, ya que normalmente vuela desde el Aeropuerto Ben Gurión. El itinerario aéreo incluyó un sobrevuelo del Mar Muerto antes de dirigirse a Washington, según datos del seguimiento de vuelos.
Este viaje coincide con el funeral del senador republicano Lindsey Graham, quien falleció el 11 de julio y era conocido por su firme apoyo a Israel en el Senado. La oficina del primer ministro había confirmado el viaje el pasado viernes, indicando que fue realizado “por invitación del presidente Trump”.
La reunión entre Netanyahu y Trump será la octava desde que Trump asumió su segundo mandato, siendo la más ajetreada entre los líderes mundiales. Sin embargo, el vínculo que comparten atraviesa uno de sus momentos más tensos. En junio, se reveló que Trump había llamado “loco” a Netanyahu en una conversación telefónica, un comentario posteriormente desmentido por fuentes israelíes.
Días antes del encuentro, Trump reafirmó su papel en la existencia del Estado de Israel, afirmando que “sin mí, no habría Israel”. Estas palabras provocaron un descontento considerable en Jerusalén, especialmente al volver a declarar que Israel “no sobreviviría” sin el apoyo estadounidense.
La situación se complica por la posible venta de cazas F-35 a Turquía, un tema sensible, dado que las relaciones entre Israel y Turquía son tensas. A pesar de la oposición de Netanyahu a esta venta, Trump ha declarado que la decisión sobre las exportaciones de armamento es competencia exclusiva del presidente.
El trasfondo del viaje remite a la guerra reciente que comenzó en febrero, donde Estados Unidos e Israel coordinaron esfuerzos contra instalaciones nucleares iraníes. Desde entonces, Netanyahu ha viajado a la Casa Blanca más que cualquier otro líder extranjero. Sin embargo, Washington ha tratado de mantener un delicado equilibrio entre la colaboración con Jerusalén y gestos de acercamiento hacia Teherán, generando desconcierto en la capital israelí.
El contexto de la reunión también está marcado por las inminentes elecciones legislativas en Israel. Netanyahu está decidido a demostrar ante su electorado que cuenta con el apoyo de Washington, mientras que Trump busca equilibrar su tradicional respaldo a Israel con sus propias metas respecto a Irán y Turquía.
El resultado de este encuentro no solucionará de manera inmediata las discrepancias acumuladas. Lo que quedará claro, tras el diálogo entre ambos líderes, será hasta qué punto Trump está dispuesto a prioritizar su agenda regional, con Turquía e Irán como actores principales, ante las demandas estratégicas que Netanyahu continuará defendiendo en su octava visita a la Casa Blanca.
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