El primer semestre de 2026 ha dejado una huella mixta en la economía mexicana, marcada por un crecimiento del PIB del 1.2% y un notable aumento del 24% en las exportaciones, que alcanzaron los 389,000 millones de dólares. Este crecimiento contrasta con el mercado automotriz, donde las ventas internas de vehículos superaron el 5% con un total récord de 754,000 unidades, a pesar de una desaceleración en las exportaciones, impactadas por los aranceles impuestos por Estados Unidos.
Sin embargo, el tan esperado impacto del Mundial no resultó tan significativo como se anticipaba. Las proyecciones de cinco millones de turistas no se materializaron, resultando en cifras modestamente bajas para la ocupación hotelera y ventas de billetes de avión. A pesar de esto, los restaurantes y la venta de productos asociados al evento, como botanas y camisetas de la selección mexicana, vieron un ligero repunte.
En el frente inflacionario, la tasa volvió a la zona objetivo del Banco Central, cerrando junio en 3.37%. Sin embargo, la inflación subyacente permanece por encima del 4%. A nivel laboral, la cifra de trabajadores registrados en el IMSS alcanzó un récord de 22.7 millones, pero la informalidad también se incrementó, llegando a 32.7 millones. Es importante destacar que empleos formales se redujeron en 293,227 en comparación con finales de 2025.
Por otro lado, la inversión muestra signos preocupantes. Tras 19 meses de caídas, un leve aumento del 5% en abril sugiere un posible cambio, aunque muchos expertos se muestran escépticos sobre una recuperación sostenida. Las restricciones presupuestarias del gobierno, que buscan reducir el déficit fiscal, limitan las posibilidades de inversión pública. Aunque la recaudación ha sido positiva en algunos sectores, la disminución en la captación del ISR es un indicador que demanda atención.
De cara al segundo semestre, se anticipan desafíos significativos. La economía estadounidense también se está desacelerando, pasando de un crecimiento del 2.1% en el primer trimestre a un 1.5% en el segundo. Esto, sumado a presiones inflacionarias derivadas de la guerra en Medio Oriente y los aranceles, pone en la cuerda floja a sectores cruciales de la economía mexicana, especialmente el automotriz.
Además, el fenómeno de El Niño se pronostica como un evento de fuerte impacto en México entre finales de 2026 y la primavera de 2027, con una posibilidad superior al 60% de que se convierta en un Super Niño. Esto podría acarrear condiciones climáticas adversas y presiones inflacionarias adicionales, afectando particularmente al sector agroalimentario y al turismo.
Las proyecciones sugieren que el crecimiento económico al cierre del año podría situarse en torno al 1.1%, con los más optimistas viendo posibilidades de un 1.5%, mientras que los más pesimistas anticipan un escaso 0.5%. En cuanto a la inflación, se prevé un repunte, concluyendo el año ligeramente por encima del 4%. El tipo de cambio, por su parte, podría rondar los 18.00 pesos por dólar, asumiendo que no surjan nuevas variables que puedan alterar aún más el panorama.
En esta encrucijada, es crucial que tanto el gobierno como el sector privado trabajen en conjunto para enfrentar los retos que se presentan y fomentar un crecimiento sostenible en el futuro próximo.
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