Un destacado acuerdo de publicación para una novela de crimen debutante ha fracasado tras suscitadas dudas sobre la posible intervención de la inteligencia artificial en su creación. El esperado manuscrito “Call Me, I’ll Hide the Body”, escrito por Jerry Falade, fue retirado del mercado por su agente, a pesar de haber recibido una oferta superior a los 2 millones de dólares (1.5 millones de libras esterlinas) de Minotaur, una filial de Macmillan US, en una subasta competitiva que involucró a 14 editores. El lanzamiento estaba programado para 2028.
En un correo electrónico dirigido a las editoriales, los agentes de Falade expresaron: “Jerry Falade produjo un manuscrito increíble que deslumbró a los profesionales editoriales de todo el mundo. Sin embargo, ya no podemos autenticar cómo evolucionó totalmente el manuscrito desde su origen hasta su conclusión.” La misiva añadió que durante el proceso de presentación, se había examinado el manuscrito con Falade en cuanto al uso de inteligencia artificial y se había confiado en sus aseveraciones de que no se utilizó dicha tecnología en el proceso de redacción o edición. No obstante, la agencia ya no pudo sostener esta garantía y decidió retirar el libro.
El proceso de subasta en EE. UU. fue conducido por el agente Marc Gerald de Europa Content, y en el Reino Unido, Sandy Hodgman de Hodgman Literary aseguró varias ofertas de seis cifras en un proceso igualmente competitivo. Gerald comentó que, al leer el manuscrito por primera vez en junio, lo consideró “sorprendentemente bueno” y señaló que “todos se enamoraron de él”.
Sin embargo, en medio del proceso de presentación, surgieron preocupaciones de que el texto mostraba señales de uso potencial de inteligencia artificial. Gerald optó por no utilizar software de detección de IA para verificar el manuscrito, confiando en la “claridad y credibilidad” de Falade. Pero después de una reunión el 29 de julio, en la que surgieron cambios en “aspectos de la historia” de Falade, la agencia decidió romper relaciones, enfatizando la “necesidad de tener una fe total” en el manuscrito.
En su declaración, Falade rechazó las acusaciones de uso de inteligencia artificial, argumentando que la respuesta refleja un sesgo racial en el mundo editorial. Mencionó que en un año en el que tres autores afroamericanos recibieron acuerdos importantes, todos enfrentaron la cancelación o interrupción de sus tratos debido a sospechas sobre la inteligencia artificial. “Parece haber una suposición problemática de que cuando un escritor negro produce una obra que atrae atención significativa, esa obra no podría ser de su autoría”, añadió.
Falade no nombró a otros autores, pero se mencionó que dos en EE. UU., Mia Ballard y HM Wolfe, también enfrentaron acusaciones de uso de IA este año; ambas han negado tales reclamos. Resumiendo su experiencia, Falade señaló que los rumores lo llevaron a ser descartado por su agencia en pocas horas, con acuerdos congelados y comunicados de prensa emitidos. Además, destacó que las herramientas de detección de IA son conocidas por producir falsos positivos y defendió la calidad del manuscrito, que pasó por diversos lectores y equipos editoriales.
Este episodio se sumó a una serie de controversias en el ámbito editorial, donde la comunidad de autores, agentes y editores se enfrenta al dilema sobre cómo manejar el uso presunto de inteligencia artificial en los manuscritos. La situación no solo pone de manifiesto tensiones en torno a la autenticidad en la escritura, sino que invita a reflexionar sobre las dinámicas raciales presentes en el mundo literario actual.
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