Durante años, leer la columna de ciertos intelectuales en revistas literarias ha sido un placer que muchos comparten. Guillermo Sheridan y Fernando Escalante Gonzalbo son ejemplos de autores que han logrado, a través de su pluma, ofrecer una mezcla de agudeza, ironía y reflexión crítica sobre la naturaleza humana y la sociedad. Sus escritos delinean una perspectiva vital sobre las contradicciones que habitan en la historia y en el hombre.
Escalante Gonzalbo, en su reciente obra, presenta una recopilación de artículos que se asemejan a viñetas sociológicas. En estos textos, invita al lector a indagar en los aspectos menos visibles y más desconcertantes de la historia. Annunciando su intención de evocar reflexiones sin encontrar necesariamente respuestas definitivas, su prosa nos recuerda que incluso los personajes más venerados en la historia a menudo desnudan una realidad menos gloriosa. Así, nos cuestiona la imagen de un caudillo que, a pesar de predicar justicia, calza zapatos finos, o del demagogo cuyas palabras han generado más sufrimiento que aliento.
Una de las ideas centrales de su trabajo es que bajo los grandes relatos históricos a menudo yacen pequeñas historias, las cuales despliegan un espectro de humanidad que abarca desde la más fría racionalidad hasta la más abyecta crueldad. Escalante no escatima en destacar las complejas interacciones entre poder y ciudadanía, donde los mediadores entre estos dos mundos a veces ofrecen soluciones que resultan ser violencias encubiertas.
La política, como bien subraya en sus escritos, es un terreno ambiguo que no se limita a la gestión pacífica de conflictos. En su análisis de eventos históricos, como la publicación de caricaturas de Mahoma, observa cómo la libertad de expresión se convierte en un arma política que desencadena reacciones violentas. A través de este prisma, Escalante nos pinta un cuadro donde la historia parece un teatro del absurdo, donde el poder se representa de maneras que a menudo resultan trágicas y cómicas a la vez.
El concepto de “esperpento”, acuñado por Valle-Inclán, se vuelve un hilo conductor en su relato. Este término evoca imágenes de un ser humano ridículo, un reflejo deformado de la realidad social, donde el progreso puede desencadenar calamidades. La modernización exprés de China, que desembocó en una hambruna mortal, sirve como ejemplo de cómo las grandes aspiraciones pueden convertirse en auténticos desastres.
A lo largo de su obra, Escalante realiza una exploración profunda de los rincones oscuros de la humanidad. Relatos de traiciones, venganzas y actos de violencia se acumulan para formar un mosaico complejo que desafía las narrativas simplistas. Aquí no hay héroes perfectos ni villanos absolutos. En cambio, encontramos personajes como Guénrij Yagoda, el burócrata que ideó un plan de colonización que terminó sellando el destino trágico de miles de personas.
Este compendio no busca presentar “vidas ejemplares” o “ciudadanos eminentes”, sino, más bien, exploraciones de existencias excepcionales que pueden servir para entender mejor nuestras propias contradicciones. Escalante nos recuerda que la historia no es un conjunto de hechos lineales, sino una serie de interacciones humanas de una complejidad abrumadora.
En última instancia, su obra nos invita a reflexionar sobre un tema constante a lo largo de los siglos: la profundidad de la naturaleza humana. A medida que nos enfrentamos a dilemas contemporáneos, su análisis resulta pertinente y revelador, convirtiendo la existencia humana en un esperpento que sigue desafiando nuestras comprensiones más arraigadas. Al concluir su trayecto literario, solo nos queda interrogarnos: ¿qué es realmente el hombre?
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


