Los saunas infrarrojos han ido ganando notable popularidad en los últimos años, aunque técnicamente no son saunas en el sentido clásico. A simple vista, pueden parecerse a las saunas tradicionales, con su revestimiento de madera y bancos cómodos, pero operan de manera bastante diferente y comparten varios beneficios para la salud. ¿Por qué, entonces, abundan estos modernos espacios en gimnasios, clubes de bienestar y estudios de entrenamiento de alta intensidad? Uno de los motivos es la practicidad: los saunas infrarrojos emiten mucha menos calor, lo que hace que el ambiente sea más agradable para quienes prefieren no participar de la experiencia. Además, la industria del bienestar tiende a abrazar nuevas tendencias, particularmente aquellas que son más seguras en términos operativos.
Sauna tradicional vs. sauna infrarroja: ¿cuál es la diferencia?
Existen varias variaciones de saunas, pero generalmente se clasifican en dos tipos: tradicionales e infrarrojas. Las saunas tradicionales, conocidas también como saunas finlandesas, utilizan fuego de leña para calentar piedras, las cuales, a su vez, calientan el aire en su interior. Hoy en día, también están disponibles saunas eléctricas que utilizan el mismo principio pero calientan las piedras mediante electricidad. Estas saunas tradicionales operan a temperaturas que oscilan entre los 150 y 220 grados Fahrenheit, induciendo una sudoración intensa. Como explica el Dr. Sam Setareh, director de cardiología clínica en Beverly Hills Cardiovascular, el calor seco tiende a provocar una sudoración más profunda.
Por otro lado, las saunas infrarrojas aprovechan paneles cerámicos o metálicos que emiten luz infrarroja. “Una sauna infrarroja calienta directamente el cuerpo en lugar de calentar el aire circundante, como lo hace una sauna tradicional”, aclara el Dr. Setareh. De este modo, pueden operar a temperaturas más bajas, entre 100 y 165 grados Fahrenheit, ofreciendo una experiencia de sudoración menos intensa pero similar.
Ambos tipos de saunas comparten beneficios notables, como la mejora de la circulación, la promoción de la relajación y la aceleración de la recuperación del cuerpo. Estudios recientes también han demostrado que ambas modalidades pueden contribuir a la reducción de la presión arterial.
Beneficios cardiovasculares de las saunas tradicionales
Investigaciones, incluida un estudio de 2015 en Finlandia que siguió a 2,315 hombres durante dos décadas, han asociado el uso de saunas con la salud del corazón y una disminución en el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mortalidad global. Un estudio más reciente, publicado en el American Journal of Physiology, comparó la efectividad de las saunas tradicionales frente a las infrarrojas, además de un jacuzzi, que sorprendió al emerger como el más beneficioso para la salud cardiovascular.
El Dr. Christopher T. Minson, profesor de fisiología en la Universidad de Oregón y autor principal del estudio, señala que “la sauna infrarroja muestra el menor aumento en la temperatura corporal central y, por lo tanto, tiene el menor impacto cardiovascular”. Esto sugiere que las saunas tradicionales y los jacuzzis podrían ofrecer beneficios cardiovasculares más inmediatos y evidentes en comparación con las saunas infrarrojas, que pueden requerir un uso prolongado para manifestar efectos similares.
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