El descenso del Sella, una tradición que ha perdurado a lo largo de 88 años, se lleva a cabo cada primer sábado después del 2 de agosto. Esta competición y celebración reunió a más de 1,000 palistas, así como a 250,000 espectadores que se sumergieron en la magia de un evento que une Arriondas con Ribadesella a lo largo de casi 20 km de ríos y paisajes.
La historia del Sella se remonta a 1929, cuando un grupo de amigos decidió organizar una excursión que se transformaría en esta icónica carrera. Santi Cazorla, famoso futbolista asturiano, describe el evento como un símbolo de compañerismo, tradición y alegría. Sin embargo, no todo es amistoso en este combate acuático. La intensidad de la carrera puede provocar accidentes, con palistas que incluso pueden salir heridos en la lucha por la victoria. Jakob Schopf, campeón olímpico, lo sabe bien, habiendo experimentado su propia dosis de adversidad durante el evento.
La participación internacional es otra característica distintiva del Sella. Este año, competidores de 22 países, incluyendo lugares tan lejanos como Sint Maarten, se unieron a la celebración. El evento impacta localmente, generando un gasto de más de 30 millones de euros en cuatro días, demostrando su importante papel en la economía de Asturias.
Desde la reconstrucción del puente Emilio Llamedo hasta las emociones desbordantes que surgen cuando suena el famoso himno de ‘Patria Querida’, el Sella es un eje central de la cultura asturiana. En un recorrido que visita distintos puntos como Arriondas, Ribadesella, y varios otros, los alcaldes de la zona se unen en un esfuerzo colaborativo que, aunque a veces provoca algunos enredos protocolarios, todo queda eclipsado por la efervescencia festiva.
La atmósfera del Sella es única. Durante tres noches de acampada, los jóvenes disfrutan de un ambiente festivo, enfocado en la convivencia pacífica y el respeto por el medio ambiente. A pesar de algunos incidentes aislados, la comunidad sigue comprometida con la sostenibilidad del evento.
En el ámbito competitivo, Walter Bouzán, con 48 años, se consagró al ganar su descenso número 13. Este palmarés impactante refleja una dedicación que ha evolucionado con el tiempo. En contraste, las mujeres han empezado a dejar su huella con la histórica participación de Marta Junquera en 1932, hasta las recientes victorias de Mara Santos y Amaia Osaba, quienes han demostrado que la lucha por el triunfo en el Sella es accesible para todos.
El evento también se caracteriza por lo que no se ve. Las velas encendidas en memoria de los ‘selleros’ que han partido, el sentimiento de comunidad que se crea, y la nostalgia que se siente al finalizar. En la mañana del domingo, la ribera del río recupera su tranquilidad habitual, cargada ahora con recuerdos y anhelos de un regreso.
Con cada nueva edición, se siente la energía acumulada para el próximo año, cuya cuenta atrás ya ha comenzado. En definitiva, el descenso del Sella es más que una simple carrera; es una celebración de la vida, la tradición y el espíritu asturiano que invita a todos a ser parte de esta experiencia única.
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