En China, la presión sobre el empleo está alcanzando niveles alarmantes, con una creciente tendencia hacia trabajos por encargo que han llevado a jornadas laborales más extensas y, por ende, a ingresos más bajos. Este fenómeno ha comenzado a afectar incluso a sectores que tradicionalmente absorbían mano de obra, como la construcción y los servicios urbanos. Según datos recientes, más de 53 millones de personas trabajaron como repartidores de comida o conductores de plataformas en 2025, 10 millones más que dos años antes, y se prevé que el empleo flexible, que incluye trabajos a tiempo parcial y autoempleo, alcance los 320 millones en 2026.
La economía china, que floreció entre 1980 y 2020 gracias a la migración de cientos de millones de trabajadores rurales hacia las ciudades, se enfrenta ahora a una encrucijada: una crisis prolongada en el sector inmobiliario, un debilitamiento del consumo y una amenaza deflacionaria latente. Esto ha significado que las oportunidades laborales convencionales se han mermado, lo que ha resultado en un desplazamiento de la mano de obra hacia aplicaciones de transporte y entrega.
La insatisfacción se refleja en las calles; en aeropuertos como el de Pudong en Shanghái, taxistas pueden esperar horas, hasta 10, por un único viaje. Un taxista de Guangzhou, Hou Feng, comparte su experiencia de pasar la noche en su vehículo esperando pasajeros, solo para regresar a casa entre turnos. A pesar de que las estadísticas oficiales sitúan la tasa de desempleo urbano en un 5% constante, esta cifra es engañosa, ya que no considera a quienes abandonan el mercado laboral ni al subempleo.
Otro aspecto crítico es que, a pesar de la contracción de la fuerza laboral, la economía no está creando los empleos necesarios. El economista Frederic Neumann plantea que la demanda de trabajo está cayendo más rápidamente que la oferta, debido a la automatización, la crisis inmobiliaria y el impacto de la inteligencia artificial. La Organización Internacional del Trabajo ya había indicado hacia 2025 un aumento en la “polarización” laboral, donde algunos sectores enfrentan escasez de empleo, mientras que otros reflejan condiciones laborales deficientes.
Las plataformas de trabajo por encargo están saturadas, con informes de un exceso de conductores en varias ciudades. En Shenzhen, la situación ha sido tan crítica que el mercado de transporte por aplicación fue declarado saturado. La experiencia de los trabajadores refleja esta tensión. Jash Wang, un repartidor en Guangzhou, señala que, aunque hay trabajo, las tarifas han caído a la tercera parte en seis años, lo que lo obliga a trabajar más horas solo para subsistir.
Aunque el empleo por encargo atrae a migrantes rurales y exobreros, también está comenzando a captar a graduados universitarios, en un año en el que se espera que más de 12 millones de nuevos graduados ingresen al mercado laboral. Este panorama es alarmante, dado que los economistas señalan que el trabajo por encargo suele ofrecer menos estabilidad y protección laboral en comparación con el empleo convencional.
El empleo flexible y las plataformas se perciben cada vez más como un símbolo de la debilidad general del mercado laboral, en lugar de un fenómeno aislado. Con el envejecimiento de la población y la disminución del empleo urbano, se prevé que el empleo crezca, pero muy por debajo de los incrementos históricos. Mientras tanto, regresar al campo no es una opción viable para muchos, ya que la mayoría de los jóvenes rurales nunca han trabajado en la agricultura y no tienen interés en hacerlo.
Finalmente, la desilusión ha comenzado a manifestarse en protestas en línea, donde la mayoría se relaciona con condiciones laborales y salarios. Las tensiones laborales, especialmente en zonas como Majuqiao, donde hombres esperan ansiosamente por trabajos temporales, reflejan la desesperanza de aquellos que, a pesar de su esfuerzo, sienten que sus oportunidades se desvanecen.
Este análisis, con datos hasta el 12 de agosto de 2026, pone de relieve un panorama complejo y desafiante para el mercado laboral en China, que enfrenta una encrucijada crucial donde, a pesar del crecimiento, las condiciones no parecen mejorar.
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