Más de 200 estatuillas doradas dedicadas a Wolfgang Amadeus Mozart, el compositor más emblemático de Austria, desaparecieron misteriosamente el pasado miércoles, lo que ha dejado su ciudad natal, Salzburgo, un poco menos festiva en el día que conmemoraba su 270 aniversario. El 15 de julio, la Fundación Mozarteum presentó 320 estatuillas de menos de 50 centímetros, creadas por el artista conceptual alemán Ottmar Hörl. Estas figuras, que retratan a Mozart junto a su perro, estaban destinadas a ser una reflexión sobre la humanidad del compositor, más allá de su genio.
Sin embargo, en un giro inesperado, a las pocas semanas de la inauguración, más de 80 estatuillas habían desaparecido, elevando el número total a 210 según informes recientes. Hörl ha insinuado que este hecho podría no ser el resultado de visitas furtivas, sino de un robo organizado. Aunque las figuras estaban destinadas a la venta, a unos 100 euros cada una, aquellos que se han llevado las estatuillas no han logrado enriquecerse rápidamente; la desaparición de las obras ha generado más inquietud que fortuna.
Las mini-estatuas no solo adornaban el jardín de la antigua residencia de Mozart, sino también sus antiguas habitaciones y algunos paviliones cercanos. A pesar de que la organización había preparado estatuillas de repuesto para posibles robos, estos esfuerzos fueron insuficientes para compensar la masa de pérdidas. Para agravar la situación, el fabricante de las estatuas se encontraba de vacaciones, lo que complicó cualquier intento inmediato de restaurar la exhibición. La muestra, ahora con un diseño menos denso, está programada para permanecer abierta hasta el 30 de agosto.
Hörl, conocido por sus esculturas de polímero, ha enfrentado robos en el pasado; en una instalación similar en Bayreuth, Alemania, un conjunto completo de estatuas también fue sustraído en un corto período. Al respecto, comentó que trabajar en espacios públicos implica aceptar ciertos riesgos, desde la destrucción hasta el robo, y que este es un aspecto inherente a su arte.
Mozart, que nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo, sigue siendo una figura central en la cultura de la ciudad. La Fundación Mozarteum continúa ofreciendo conciertos, manteniendo museos y apoyando investigaciones sobre su vida y obra. Hörl, quien dijo que no quería erigir un monumento convencional en honor al compositor, quería expresar su lado humano, mostrando su conexión con un querido perro llamado Pimperl, con quien paseaba por los Jardines Mirabell junto a su familia.
Esta situación demuestra cómo el arte puede ser tanto un tributo como un objetivo, reflejando las dinámicas de la creación en el espacio público. La historia de las estatuillas perdidas se convierte en un recordatorio de la fugacidad del arte en la vida cotidiana.
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