Vivimos un notable auge en el cine de terror, un fenómeno que parece ofrecer una válvula de escape ante la ansiedad general del mundo actual. Este resurgimiento recuerda tiempos pasados en España, específicamente en los años que rodearon la muerte de Francisco Franco en 1975. Durante este período, obras como ¿Quién puede matar a un niño?, dirigida por Narciso Ibáñez Serrador, emergieron como reflejos inquietantes de la realidad política y social. Este año, la película celebra su 50 aniversario.
Ubicada entre el final del tardofranquismo y el inicio de la Transición, el film aborda temáticas profundamente arraigadas en la tradición española y el clima asfixiante de la época. Guillermo González Hernández, autor de un estudio reciente sobre la obra, la describe como una alegoría del terror franquista. “Ibáñez Serrador al abordar el miedo lo hace de una forma que resulta sorprendente: lo lleva a un entorno doméstico”, destaca González. Rodada en ubicaciones reconocibles de España —como Ciruelos, Sitges, y Menorca—, la película subraya la inquietante dualidad de la vida cotidiana y el terror. Un espectador recuerda cómo su padre, al verla, expresó: “¡Ese puede ser mi pueblo!”.
Estrenada en 1976, la trama sigue a Tom y su esposa Evelyn, quienes, en busca de tranquilidad durante sus vacaciones en la costa española, descubren una serie de sucesos perturbadores en una isla cercana. La música de Waldo de los Ríos acompaña la narrativa, desde el ambiente idílico de un pueblo costero hasta la escalofriante transformación de ese mismo entorno. Aunque la película tuvo críticas mixtas en España, su éxito en Italia fue notable, superando incluso a Tiburón de Steven Spielberg en taquilla. Esta contrastante recepción refleja las tensiones entre la imagen idealizada de la España turística y la dura realidad social del país.
El film es considerado parte de un mayor movimiento en el cine español durante aquellos años, un periodo denotado por un aumento en las películas de terror que se atrevían a explorar temas más oscuros. Según Desirée de Fez, crítica de cine, este período vio la explosión de un subgénero que abordaba la violencia y el sexo, representando la frustración y deseo de liberación de una sociedad que había estado bajo la represión franquista. La década de 1970 fue clave, con cerca de 200 películas de terror producidas en España, muchas de ellas bajo la firma de Profilmes, conocida como la “Hammer española”. Este estudio y producción marcó un hito en el cine de terror, donde la vulnerabilidad y la violencia se entrelazaban de manera provocativa.
Intérpretes icónicos como Paul Naschy, Carmen Sevilla o Klaus Kinski aparecieron en estas producciones, contribuyendo a crear un cóctel de horror y seducción que resonó con el público. Se dio nacimiento al fenómeno del “fantaterror”, una mezcla audaz de horror y comedia que exploraba las entornos sociales y políticas de la época. Algunos críticos ven obras como La noche de Walpurgis y Una vela para el diablo como reflejos del autoritarismo y el miedo intrínseco a la libertad, mientras que el papel de las mujeres en estas narrativas se ve moldeado por una cultura machista en crisis.
El trabajo de cineastas como Eloy de la Iglesia y su exploración de temas de represión y moralidad en títulos como Nadie oyó gritar también revelan la complejidad de la sociedad española tardofranquista, mostrando el miedo y la violencia que bullían bajo la superficie.
Así, el cine de terror en España no solo ha sido un entretenimiento, sino un espejo crítico de una sociedad en transformación. A medida que nuestros miedos y ansiedades evolucionan, el cine continúa jugando un papel vital en el procesamiento de estos sentimientos, haciendo que la experiencia del terror sea a la vez aterradora y cathártica en tiempos de cambio. La conexión entre el pasado y el presente resuena a través de las pantallas, invitando al espectador a profundizar en la historia que forma nuestro imaginario colectivo.
(Actualización: Esto corresponde a datos hasta 2026-08-16).
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