En las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, un fenómeno de pareidolia ha capturado la atención de especialistas e historiadores. Este fenómeno, que nos lleva a ver figuras o caras en objetos comunes, ha desencadenado un interesante debate gracias a una enigmática inscripción encontrada en la región. Grabada con letras latinas en lo que parece ser un dintel de piedra, la inscripción, que dice [DIV]I FIL[I]O / DIVO[—], sugiere una conexión con la titulatura imperial romana. Pero, ¿realmente se trata de un registro de gran relevancia histórica?
David Martínez Chico, un reconocido historiador y arqueólogo, fue invitado a analizar este hallazgo por agentes medioambientales de Jaén y la Región de Murcia. Su investigación inicial sugirió que se podría tratar de un fragmento de un monumento relacionado con el culto dinástico, pero pronto se dio cuenta de que la realidad era bastante diferente. Al investigar más a fondo, Martínez Chico descubrió que la palabra “DIV” no era una referencia a lo divino, sino que se refería a “Demarcación IV”, una clave administrativa. La supuesta letra “O” resultó ser un signo auxiliar, además de que los signos “FII” aludían a unidades de organización del monte, relacionadas con la gestión forestal.
Estos descubrimientos revelan que el objeto no es una inscripción romana, pero sí tiene un importante valor histórico: se trata de un mojón de demarcación forestal, vinculado a la gestión histórica de los montes de Cazorla. Esta forma de marcaje se documenta a finales del siglo XIX, con énfasis en el trabajo de Enrique Mackay Monteverd, ingeniero de montes que impulsó la ordenación y señalización de estas áreas forestales en el siglo XX.
El análisis también ha resaltado la importancia de la metodología en la investigación arqueológica. Martínez Chico señala que una fotografía puede ser engañosa y que es crucial observar el objeto en su contexto físico, atendiendo a aspectos como la luz natural, la profundidad de los surcos y la conservación de pigmentos.
Aunque la inscripción inicialmente parecía tener un valor imperial, su verdadera naturaleza abre un nuevo capítulo en la historia de la gestión forestal de la región. Este hallazgo no solo revela cómo se han marcado y dividido los paisajes de Cazorla, sino que también nos conecta con la forma en que las comunidades han interaccionado con su entorno a lo largo del tiempo.
El caso sirve como recordatorio de que, a menudo, las historias más humildes son igualmente valiosas. En este rincón de España, la gestión del monte y las demarcaciones forestales conservan narrativas que merecen ser exploradas y apreciadas, revelando una rica herencia que trasciende lo que parece un simple mojón.
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