La penúltima de las Corridas Generales de Bilbao, celebrada el pasado viernes 28 de agosto, dejó una estela de emoción en la plaza de toros de Vista Alegre. Con un aforo ligeramente inferior a la mitad, alrededor de 6,000 espectadores disfrutaron de un evento donde cada uno de los tres diestros –Marco Pérez, Sebastián Castella y David de Miranda– logró conquistar a la afición con una oreja cada uno.
Entre ellos, destacó especialmente Marco Pérez, el joven matador salmantino que impresionó con su destreza y valentía. Si no hubiera fallado con la espada, Pérez hubiera abierto la puerta grande de la emblemática plaza. Su actuación fue notable, lidiando tanto a un toro complicado como al sobrero que enfrentó posteriormente, donde demostró su capacidad para adaptarse a la exigencia del momento.
El primer toro, de características desafiantes, lo llevó a presentar una lidia que mostró su mando y temple. A pesar de la dificultad, Pérez logró conectar con el público, exhibiendo una madurez que desmentía su corta trayectoria como torero de alternativa. Sin embargo, varios pinchazos antes de la estocada le privaron de conseguir el trofeo que su actuación merecía.
En contraste, el sobrero con el que se enfrentó en sexto lugar ofreció una serie de embestidas profundas y emocionantes. Con un juego excelente, Pérez supo aprovechar cada momento, realizando quites que recordaron a los más grandes de la tauromaquia. Su capacidad para ornamentar la faena añadió un toque especial que fue apreciado por el tendido bilbaíno.
Por otro lado, David de Miranda, en su presentación como matador en Bilbao, también cosechó méritos. Logró captar la atención del público con dos presentaciones que oscilaban entre la cercanía y el arriesgo. Su arte se puso de manifiesto, aunque la falta de conexión en su segundo toro limitó el impacto general de su actuación. Aún así, se llevó una oreja tras una faena marcada por momentos de gran cercanía a un toro que, a medida que avanzaba la lidia, se apagaba.
Sebastián Castella, por su parte, tuvo una actuación un tanto más discreta. Aunque cargó con un primer toro en total desconexión, su trabajo concluyó con la concesión de una oreja en un segundo que, a pesar de la falta de entrega, le permitió lucir su oficio.
Los toros lidiados pertenecían a la ganadería de Domingo Hernández, que, aunque presentaron desiguales trapíos y hechuras, ofrecieron cierta movilidad. Sin embargo, en general, los astados carecieron de la bravura necesaria en el último tercio, excepto el sobrero que destacó por su bravura y profundidad.
Es importante mencionar que en el transcurso de la corrida, el monosabio Jesús San José sufrió una cornada y tuvo que ser trasladado al hospital de Basurto, un recordatorio de los riesgos inherentes al espectáculo.
Con esta emotiva jornada, las Corridas Generales de Bilbao continuan dejando su huella en la tradición taurina, consolidando la importancia de la plaza como epicentro cultural y artístico, mientras los aficionados esperan la gran final.
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