El rey Haakon VIII de Noruega se dirigió a la nación en su primer discurso como monarca el 29 de agosto de 2026, horas después del fallecimiento de su padre, Harald V. En un mensaje cargado de emotividad, Haakon recordó a su padre como un hombre “cálido” y “seguro”, marcando así el inicio de una nueva era para la monarquía noruega.
Durante su discurso, el nuevo rey agradeció a Harald por ser un buen padre tanto para él como para su hermana, Märtha. Haakon enfatizó la importancia de su padre como abuelo, esposo y figura familiar, logrando conjugar el duelo personal con la responsabilidad pública que implica la sucesión en el trono. Con una fotografía de Harald en su escritorio, recordó su calidez y su habilidad para hacer sentir cómodas a todas las personas que lo rodeaban.
El nuevo soberano también expresó su aprecio por la respuesta del pueblo noruego tras la muerte de su padre. “Me ha conmovido ver la Plaza del Palacio llena de gente, flores, saludos y luces. Mil gracias”, comentó, destacando así el cariño y respeto que la población sentía por Harald V.
Evidenciando un sentido de continuidad, Haakon recordó el legado de su predecesor, mencionando su decisión de realizar un acto de disculpa al pueblo sami por los abusos sufridos a lo largo de las décadas. Este gesto fue un hito en la historia de Noruega, reconociendo las políticas de asimilación que buscaban borrar la identidad cultural de este pueblo.
El nuevo rey también se refirió a momentos difíciles, como la tragedia del 22 de julio de 2011, cuando un atentado dejó 77 muertos a manos de un ultraderechista. En esos momentos, Harald V mostró un liderazgo crucial, proporcionando consuelo a la nación en tiempos de crisis.
La muerte de Harald V dio pie a la sucesión, posicionando a Haakon como cuarto rey de la monarquía moderna de Noruega desde su restauración en 1905. En sus primeras funciones, Haakon ha adoptado el lema de su padre, “Todo por Noruega”, y presidió una reunión extraordinaria del gabinete, reafirmando la continuidad de la institución.
La experiencia acumulada por Haakon como príncipe heredero, donde ya había asumido funciones importantes, sugiere que su reinado podría estar enmarcado en una transición estable. Sin embargo, consciente de los desafíos globales actuales, Haakon reconoció: “El mundo es una vez más inseguro e impredecible”. Con este reconocimiento, el nuevo rey se adentra en su reinado con la responsabilidad de continuar el legado de su padre, enfrentando un contexto internacional complicado.
Haakon VIII se enfrenta así a una gran tarea, marcada por la despedida de un padre y el inicio de su propio camino como rey de Noruega.
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