El reciente Ranking IntelLat de Mejores Hospitales y Clínicas de América Latina revela una realidad inquietante sobre el sector de la salud en México. A pesar de contar con diez hospitales destacados en este análisis, los datos reflejan una baja ocupación que se sitúa por debajo del promedio regional. Este dato es especialmente alarmante considerando las carencias en atención médica que sufre el país.
Un primer vistazo a la situación muestra que, aunque estos hospitales privados operan con una tasa de ocupación de camas del 59.2% en 2025, notablemente inferior al 82.6% registrado en promedio en la región, logran despachar a los pacientes más rápidamente. Mientras que la estancia promedio en estos hospitales fue de cuatro días, comparada con 4.8 días en el resto de América Latina, su rentabilidad se mantiene por encima de muchos de sus pares regionales, destacándose el hecho de que sólo uno de ellos reportó pérdidas en los últimos dos años, frente al 17% del promedio latinoamericano.
Los datos de ocupación y estancia de los hospitales mexicanos implican que, si bien su eficiencia es interesante, la rentabilidad que exhiben no es motivo de celebración ante la infraestructura desaprovechada. En un país donde el coste de la atención médica recaiga en gran medida en las familias, la situación es paradójica. Este margen de rentabilidad, que ha disminuido del 14.2% al 9.1%, subraya un desafío: ¿realmente están estos hospitales generando el valor que se espera?
Además, el informe pone de relieve un aspecto positivo pero también crítico: la integración de la inteligencia artificial en la práctica clínica y administrativa. Cerca del 88% de los hospitales de la región están comenzando a implementar soluciones de IA que van desde el apoyo en diagnósticos hasta la planificación quirúrgica. Sin embargo, la pregunta persiste: si la inversión en tecnología no se acompaña de un análisis de datos sólido y protocolos de calidad, podría convertirse en un costo más que en una herramienta valiosa.
La atención centrada en el paciente, una tendencia creciente, presenta su propia complejidad. Aunque casi cuatro de cada diez instituciones cuentan con una voz consultiva de pacientes, solo una de ellas habla de verdaderos poderes de decisión. Las experiencias por sí solas no son suficientes; se requieren mecanismos que transformen esas quejas en acciones concretas y prioridades estratégicas.
Frente a este panorama, el entorno hospitalario en América Latina se vuelve más exigente, con pacientes ansiosos por participar de manera más activa y presiones crecientes por resultados. En México, los hospitales privados tienen dos activos importantes: un margen de rentabilidad superior al promedio regional y una significativa capacidad instalada que aún está por aprovechar.
Un aspecto positivo en este contexto es el anuncio de un incremento en el presupuesto público para salud que alcanzará el 2.9% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2027. Este aumento, aunque aún considerado insuficiente, representa un paso positivo en un escenario fiscal apretado.
La Universidad Autónoma de Baja California ha dado también un significativo avance al inaugurar en Ensenada un Centro de Referencia en Diagnóstico Molecular y Vigilancia Genómica. Esta instalación permitirá obtener resultados de pruebas de alta complejidad de manera mucho más rápida, un paso vital en el contexto actual donde la tuberculosis y otras infecciones siguen siendo un gran desafío en la región.
El futuro del sector salud en México se presenta lleno de desafíos y oportunidades. Con una infraestructura que necesita ser mejorada, una rentabilidad que exige accountability, y la implementación de nuevas tecnologías, el camino hacia un sistema de salud más robusto y accesible es más urgente que nunca.
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