El primer ministro canadiense, Mark Carney, se dirige este jueves al Parlamento Europeo en un contexto de creciente tensión entre Canadá y Estados Unidos. Este importante discurso se produce un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzara una advertencia contundente: la posible incorporación de Canadá como miembro asociado de la Unión Europea podría ser vista como un “acto hostil”. Trump incluso amenazó con imponer nuevos aranceles al bloque europeo si esto llegara a materializarse.
La intervención de Carney se anticipa con gran interés, especialmente luego de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propusiera el miércoles convertir a Canadá en el primer miembro asociado de la UE. Esta categoría no está definida en los tratados actuales y requeriría un marco nuevo para su implementación. La propuesta surge en un contexto donde las relaciones entre Ottawa y Washington se han deteriorado, impulsando a Canadá a buscar una diversificación económica menos dependiente de su vecino del sur.
Trump, durante un evento en Carolina del Norte, no escatimó críticas hacia la posibilidad de esta asociación, calificándola de “ridícula” y sugiriendo que Canadá sería un “terrible socio comercial”. El mandatario vinculó su respuesta comercial a las intenciones de los líderes europeos, advirtiendo que “pongamos aranceles muy fuertes a Europa” si las intenciones son consideradas hostiles.
La propuesta de la UE, sin embargo, representa un paso significativo hacia una relación más estrecha entre Canadá y Europa. Von der Leyen describió la necesidad de elevar la relación entre ambos a “el nivel más alto posible”, proponiendo una “Alianza para el Futuro” que trascienda el actual acuerdo de libre comercio. Durante el debate, Carney mostró su apoyo a esta propuesta, lo que generó una ovación en el hemiciclo del Parlamento.
Además, está programada una cumbre Canadá-UE en Montreal para los días 29 y 30 de octubre, donde se abordará esta nueva relación con mayor detalle. La dependencia comercial de Canadá respecto a EE. UU. es significativa, con aproximadamente el 70% de sus exportaciones dirigidas a ese mercado. Las tensiones recientes, incluyendo los aranceles impuestos por Trump, han llevado a Ottawa a explorar alternativas y fortalecer sus lazos con Europa.
A medida que Canadá busca reducir su dependencia económica, Carney ha defendido en varias ocasiones la importancia de que los países intermedios forjen relaciones más equilibradas con las grandes potencias. Su intervención en el Parlamento Europeo podría intensificar las tensiones con Washington, pues los esfuerzos canadienses por establecer una relación más fuerte con Europa continúan avanzando.
El embajador canadiense ante la UE, Jonathan Wilkinson, ha indicado que Ottawa no busca convertirse en miembro pleno del bloque, ya que esto implicaría ceder parte de su soberanía. Sin embargo, es claro que las intenciones de acercarse y colaborar son firmes, mientras se busca un equilibrio en la relación con Estados Unidos.
Por último, es crucial notar que este año Ottawa ya tomó una medida hacia una mayor integración con Europa al convertirse en el primer país no europeo en unirse al programa SAFE de adquisiciones de defensa de la UE. Este paso, que permite a empresas canadienses participar en proyectos conjuntos de adquisición, subraya el crecimiento de la cooperación entre ambos, especialmente en áreas esenciales como energía, minerales críticos e inteligencia artificial.
Con esta nueva dinámica en el horizonte, el desarrollo de la relación entre Canadá y la UE es un punto a seguir con atención en los próximos meses.
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