El clima se intensifica a pocos meses de la apertura del Kanal-Centre Pompidou en Bruselas, el único museo de arte moderno y contemporáneo de esta capital europea. Las críticas sobre su costo y tamaño se han intensificado, mientras la política local se enturbia. El ministro-presidente Boris Dilliès, líder del partido francófono Movimiento Réformateur (MR), ha sorprendido a sus colegas al solicitar la destitución de Yves Goldstein, director general del museo desde su concepción.
Dilliès, en el cargo desde febrero, presentó un ultimátum a Goldstein que lo coloca entre un dilema insostenible: abandonar ahora o quedarse hasta la apertura del museo con responsabilidades drásticamente reducidas. Esta segunda opción implicaría que Goldstein no podría participar en reuniones del consejo, manejar el presupuesto, ni formar parte del jurado para seleccionar a su sucesor. En el momento de redactar esta pieza, aún no se había tomado una decisión definitiva.
Goldstein ha estado al mando del Kanal-Centre Pompidou durante más de una década, enfrentando múltiples crisis, y ha gestionado un proyecto que ha costado al gobierno regional más de 290 millones de dólares. En mayo, había anunciado su intención de renunciar una vez que el museo comenzara a funcionar, pero esa postergación parece no haber sido suficiente para Dilliès, quien se opone a la participación de Goldstein en la selección de su sucesor.
La tensión política se manifiesta en el deseo de Dilliès de ejercer un control más firme sobre una institución que anteriormente fue impulsada por el Partido Socialista, ahora fuera del gobierno de coalición de Bruselas. Un fuente anónima citada por La Libre subrayó que, dado que el gobierno financió la totalidad del museo, no corresponde a Goldstein decidir su futuro, sobre todo porque su visión ya no se alinea con la nueva mayoría.
El Kanal-Centre Pompidou se propuso como una “ciudad dentro de una ciudad”, con un imponente espacio de 430,000 pies cuadrados, ubicado en un antiguo garaje de Citroën cerca del barrio de Molenbeek, conocido por su situación socioeconómica complicada. Con un acuerdo de asociación de 12 millones de euros con el Centre Pompidou de París, el museo dependerá significativamente de fondos públicos, una situación que se complica ante recortes presupuestarios. Inicialmente, se le prometió un presupuesto anual de 35 millones de euros, cifra que ya ha disminuido a 28 millones y que se anticipa caerá a 10 millones para 2029 debido a medidas de austeridad.
Goldstein, consciente de estos desafíos, ha advertido que para llevar a cabo la ambición del museo, “no es posible hacerlo con 10 millones de euros”. La conclusión que queda es clara: el modelo “maximalista” del museo, cuestionado por algunos legisladores, podría convertirse en un activo si se redirige adecuadamente. Sin embargo, persiste la incógnita de cómo sostener financieramente esta institución y hasta qué punto es necesario modificar su visión original para lograrlo.
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