Ha sido Batman, Jim Morrison y Doc Holliday; protagonizó taquillazos como Top Gun y encandiló a Cher, Cindy Crawford o Angelina Jolie. Era guapísimo, con una mandíbula de hechuras arquitectónicas, gran talento interpretativo y una refrescante falta de prejuicios para pasar de la comedia al drama, la acción o la ciencia ficción. Durante más de una década, Val Kilmer pareció a punto de convertirse en la estrella más deslumbrante de Hollywood, pero siempre hubo algo que se lo impidió. Casi siempre él mismo.

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Los ejecutivos le habían consentido sus desmanes hasta que comprobaron que había recambio para su gallina de los huevos de oro -hay un rubio de labios carnosos en cada cruce de Hollywood: Brad Pitt, por ejemplo, se convirtió en estrella poco después que él-. Sus características salidas de tono dejaron de ser disculpadas y cualquiera en la industria que tenía algo que contar sobre él, abrió la boca. Quedó claro en 1996, cuando un famoso artículo de Entertainment Weekly, viral antes de que existiese lo viral, desveló todas sus salidas de tono. Y el que iba a ser el rey de los noventa acabó siendo conocido como Psycho Kilmer (juego de palabras con psycho killer, asesino psicópata en inglés).
La fama fue en su búsqueda
Kilmer nació en una familia rica de California y a los 16 años fue admitido en la prestigiosa escuela Juilliard de Nueva York. Apenas unos días antes de ser admitido, su hermano pequeño falleció ahogado en la piscina tras sufrir un ataque epiléptico. Kilmer asegura que tardó años en recuperarse de aquello. Juilliard le sirvió para conseguir papeles en el teatro, su primera pasión. “Soy un actor de carácter, pero parezco un protagonista”, se lamentó en The Guardian en 2004.
Por eso es curioso que su debut en el cine llegase con algo tan ligero como Top Secret!, la parodia del cine de espías de los creadores de Aterriza como puedas. En su primer papel ya dejó claro que tenía su propio método para prepararse: grabó un disco bajo el nombre de Nick Rivers (el nombre del protagonista) y persiguió a los directores para que le explicasen la motivación de su personaje… en una comedia tan delirante que dos hombres se disfrazan de vaca con botas de agua.
Top Secret! demostró que aquel recién llegado resultaba creíble como galán, tenía vis cómica y una voz maravillosa. Y la industria tomó nota. En su segunda película, Escuela de genios, ya era el protagonista absoluto. No fue un éxito, pero sirvió para que Tony Scott, el Rey Midas del cine de acción, lo reclamase para Top Gun. De hecho, Scott era el único que lo quería: ni los productores ni el propio Kilmer (que consideraba la consideraba “tonta” y “belicista”) estaban muy por la labor de colaborar. “No quería el papel. No me importaba la película. La historia no me interesaba”, escribió el actor en sus memorias, I’m Your Huckleberry.



