Australia se encuentra ante un cambio demográfico sin precedentes, proyectándose que, por primera vez, las muertes superarán a los nacimientos durante la década de 2060. Esta situación, presentada en un reciente informe intergeneracional del Departamento del Tesoro, plantea serias implicaciones para la economía del país, caracterizada por el envejecimiento de la población, la disminución de la natalidad y una reducción de la inmigración.
El tesorero Jim Chalmers destacó en su discurso que esta proyección no solo es alarmante, sino que refleja transformaciones globales que Australia deberá enfrentar. Factores como la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica, la transición energética, el envejecimiento poblacional y el avance de una economía de servicios se identifican como elementos clave en esta nueva realidad.
Históricamente, Australia ha mantenido su crecimiento demográfico gracias a un significativo flujo de inmigración, que ha compensado sus bajas tasas de natalidad. Sin embargo, el descenso en los niveles de inmigración está reconfigurando esta dinámica, acercando al país a un escenario similar al de otras economías desarrolladas, como Japón, Alemania y Corea del Sur, donde ya se reportan más muertes que nacimientos.
Se prevé que el crecimiento de la población australiana se reduzca a un promedio anual de 0.9% en las próximas cuatro décadas, una disminución notable respecto al 1.4% registrado en los últimos 40 años. Este fenómeno se atribuye no solo a la caída en la tasa de natalidad, sino también a una disminución en la migración neta internacional, que continuará disminuyendo antes de estabilizarse.
El envejecimiento de la población traerá consigo desafíos adicionales, particularmente en lo que respecta a los servicios públicos. Chalmers advirtió que el número de australianos mayores de 85 años se triplicará para 2066, lo que ejercerá una presión histórica sobre el sistema de salud.
Por otro lado, la escasez de trabajadores en los sectores de atención sanitaria y cuidado de personas mayores es una preocupación creciente. Las regiones con una población más envejecida verán un aumento en la necesidad de personal, en mayor medida compuesto por inmigrantes.
Este contexto demográfico se agrava por las recientes acciones del gobierno laborista de endurecer las normativas de inmigración. El primer ministro, Anthony Albanese, busca contrarrestar el creciente apoyo al partido populista de derecha One Nation, que promueve un drástico recorte en la inmigración.
Además, se reporta una caída en el índice de aprobación de Albanese, que ha alcanzado niveles récord desde su ascenso al cargo en 2022. El Tesoro vincula esta situación con la elevada inflación, las tasas hipotecarias crecientes y los altos precios de la vivienda, que afectan la economía de los hogares australianos.
Las proyecciones demográficas descritas no solo implican un cambio en la composición de la población, sino que también prevén un aumento en la demanda de servicios vinculados al cuidado de una población más envejecida. Se anticipa que la combinación de un menor índice de natalidad, una reducción en la migración neta y una mayor esperanza de vida darán forma a la evolución demográfica de Australia en las próximas cuatro décadas.
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