El presidente chino Xi Jinping arribó este miércoles a Washington, donde se espera una extensa visita de Estado que se prolongará por tres días. La agenda abarca un amplio espectro de temas, desde inteligencia artificial hasta cuestiones relacionadas con Irán y comercio. Este evento se enmarca en un contexto inusual, ya que hacía más de una década que un líder chino no visitaba la capital estadounidense con este nivel de reconocimiento.
Una de las características más notables de esta visita es la recepción que le brindó el presidente Donald Trump, quien se acercó hasta la base Andrews para recibir a Xi. Este gesto, poco habitual para los líderes extranjeros, contrasta con la bienvenida que recibió Trump durante su visita a Pekín, donde fue recibido por el vicepresidente chino.
Para el despliegue de honor que acompañará la visita, Trump ha organizado un espectáculo aéreo militar y el tradicional saludo con 21 cañonazos, lo que subraya la importancia de este encuentro tanto a nivel protocolar como diplomático. La culminación de la visita se llevará a cabo en la Casa Blanca, donde se celebrará un banquete que reunirá a la élite empresarial y política de Estados Unidos.
El viernes por la mañana, la visita concluirá con un té entre las dos parejas presidenciales y una visita a los Archivos Nacionales, donde se exhibe la histórica Declaración de Independencia de Estados Unidos. Sin embargo, las expectativas en torno a los resultados tangibles de las conversaciones son limitadas, en especial dado el complicado tema de la inteligencia artificial. Con ambas naciones compitiendo por el liderazgo en esta área, las posibilidades de llegar a un acuerdo para regular su desarrollo son escasas.
Las discusiones preliminares entre el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y su contraparte china, He Lifeng, revelaron un interés por establecer un canal de comunicación sobre la inteligencia artificial. Además, Bessent confirmó que la tregua comercial decretada por Trump se prolongará hasta enero, aunque los analistas advierten que los avances concretos son poco probables debido a la amplia distancia negociadora entre ambas partes.
En un trasfondo de creciente tensión, la ostentosa bienvenida de Trump ha suscitado críticas dentro de su propio partido, especialmente luego de los informes sobre la colaboración de Pekín con Irán. El senador republicano Roger Wicker recordó que el presidente debe ser consciente de que su invitado es un “dictador brutal”. Por otro lado, el secretario de Estado, Marco Rubio, argumentó que es imperativo que los líderes de las principales potencias armamentísticas dialoguen.
A pesar de los cuestionamientos, el equipo de Trump defendió la visita como una medida que se alinea con los intereses nacionales de EE. UU. En un momento donde los índices de aprobación del presidente han caído a mínimos históricos, la visita representa una oportunidad para centrar la atención pública en la diplomacia internacional en lugar de en los problemas internos, como la crisis derivada de la guerra con Irán.
Históricamente, los presidentes estadounidenses rara vez se desplazan para recibir a líderes extranjeros en el aeropuerto. Los gestos de este tipo han sido escasos, con excepciones como las bienvenidas de John F. Kennedy y Dwight D. Eisenhower a líderes extranjeros en los años 60. Así, la atención se centra no solo en el contenido de las conversaciones, sino también en su simbolismo para una relación bilateral que enfrenta numerosos desafíos.
(Actualización hasta 1790205031).
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