La reciente Encuesta Intercensal ha revelado un cambio significativo en la demografía de México. La población del país ha crecido, pero a un ritmo considerablemente más lento. En 2020, México registró 125.5 millones de habitantes, cifra que se ha elevado a 130.4 millones en 2025, lo que representa una tasa media anual de crecimiento de solo 0.7%. Además, la edad mediana de los mexicanos ha aumentado, pasando de 29 a 32 años, un cambio que plantea nuevas interrogantes sobre el futuro del país.
La dinámica demográfica actual nos lleva a reflexionar no solo sobre cómo aumentar la tasa de fecundidad, sino sobre las oportunidades y desafíos que esta nueva realidad nos presenta. Si bien la historia de México ha estado marcada por la preocupación por un “número correcto” de ciudadanos, es fundamental adaptarse a un escenario donde la fecundidad disminuye y la población envejece.
En décadas pasadas, figuras como Gilberto Loyo defendían la idea de incrementar la población como un medio para impulsar el desarrollo. Sin embargo, pocos años después, la situación había cambiado drásticamente, y el crecimiento desmedido se convirtió en un problema que hizo necesario recurrir a políticas de planificación familiar. Esta evolución en el discurso demográfico destaca la dificultad para controlar las tasas de fecundidad, un objetivo que a menudo puede llevar a intervenciones en la vida personal de las familias.
La nueva demografía no es exclusivamente un desafío; también abre la puerta a numerosas oportunidades. Un crecimiento poblacional más lento puede facilitar una mayor acumulación de capital por trabajador, ya que habrá menos presión para equipar a nuevas generaciones de trabajadores. Asimismo, menos niños en las aulas puede ser visto como una oportunidad para mejorar la calidad educativa, redirigiendo recursos hacia una mejor enseñanza.
Además, una población en crecimiento más moderado podría aligerar la carga sobre las infraestructuras de vivienda, agua y transporte, entre otros. Es importante subrayar que los problemas ambientales y de infraestructura no se evaporarán por sí solos; es esencial contar con políticas urbanas y ambientales efectivas que consideren este nuevo marco demográfico.
Sin embargo, el envejecimiento poblacional conlleva serios retos. La participación laboral de las mujeres ha incrementado desde un 38.8% en 2020 a un 41% en 2025, reflejando un potencial significativo que aún necesita ser maximizado. Aumentar esta participación requiere abordar el importante tema de los cuidados, ya que es insostenible esperar que las mujeres asuman la responsabilidad exclusiva del cuidado de niños, ancianos y personas enfermas. A medida que la población envejece, la demanda de cuidados a largo plazo crecerá.
A su vez, la adaptación de los sistemas de salud y pensiones se convierte en una prioridad. La longevidad es un logro del desarrollo, pero financiar los años de jubilación y el cuidado de enfermedades crónicas será un desafío. La sostenibilidad de estos sistemas dependerá de factores como la cantidad de trabajadores, sus ingresos y su formalidad en el empleo, así como la productividad individual.
Es aquí donde la productividad juega un papel clave. No se trata solo de contar con más trabajadores, sino de asegurarnos de que cada uno esté mejor preparado y equipado para maximizar su potencial. Tecnologías como la automatización y la inteligencia artificial pueden ayudar a incrementar la producción a pesar de un crecimiento más lento en la fuerza laboral, pero necesitamos garantizar que estas mejoras no agudicen las desigualdades existentes.
Este nuevo panorama demográfico presenta tanto retos como oportunidades. La clave estará en aprovechar este momento para mejorar la educación, fomentar la acumulación de capital y tecnología por trabajador, y reducir la presión sobre los recursos y la infraestructura.
La baja fecundidad no debe verse como un obstáculo, sino como una señal de que México está evolucionando. La cuestión crucial es cómo responder a este cambio y qué estrategias implementaremos para atender a la población que tenemos.
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