El reciente aumento de la violencia en Etiopía ha generado una fuerte respuesta por parte del gobierno estadounidense. El 24 de septiembre de 2026, Estados Unidos condenó la ofensiva a gran escala emprendida por el Frente de Liberación del Pueblo de Tigré (TPLF) en las regiones de Amhara y Afar, advirtiendo sobre la posibilidad de imponer sanciones contra los líderes rebeldes.
Ervin Massinga, embajador estadounidense en Etiopía, calificó de “mala decisión” las acciones militares del TPLF y enfatizó la importancia de un diálogo político, mediado por la Unión Africana (UA), liderada por el ex presidente nigeriano Olusegun Obasanjo. Massinga instó a los grupos armados a no seguir el camino de la confrontación, considerando que las operaciones bélicas no benefician a la población civil. Aseguró que Washington dispone de mecanismos para sancionar a quienes busquen alterar la estabilidad en el país.
La postura de Estados Unidos se produjo después de que una alianza opositora de siete grupos armados, incluido el TPLF, anunciara contraofensivas en respuesta a los ataques del Ejército etíope. Esta coalición afirmó que su reacción era necesaria ante las agresiones aéreas y terrestres. Notablemente, el TPLF comunicó haber tomado el control de tres aeropuertos en la región de Tigré, y declaró el inicio de una “guerra defensiva” contra el gobierno federal, acusándoles de realizar ataques aéreos y terrestres no provocados.
Sin embargo, el TPLF no recibió de buen agrado las críticas de Estados Unidos y la UA. Amanuel Assefa, vicepresidente del TPLF y vicegobernador de Tigré, calificó la reacción estadounidense como “profundamente decepcionante”. Afirmó que los comentarios ignoraban los ataques del gobierno y señalaba injustamente a las fuerzas regionales, mientras cientos de miles de desplazados sufrían en condiciones precarias.
La escalada de la situación reavivó temores de un conflicto similar al que asoló la región entre noviembre de 2020 y noviembre de 2022, conflicto que dejó un saldo de al menos 600,000 muertos. El TPLF regresó a la escena política en mayo de 2026 al restablecer el gobierno regional de Tigré, desafiando al gabinete central, que a su vez acusó a los rebeldes de formar alianzas con Eritrea y otras facciones opuestas con el objetivo de desestabilizar el gobierno.
Los informes actuales reflejan un entorno tenso en el que las potencias internacionales, incluidas EE. UU. y la UA, son vistas con recelo por algunos involucrados en el conflicto. Mientras tanto, las víctimas civiles continúan sufriendo las consecuencias de una guerra que parece lejana a su resolución.
(Actualización hasta el 2026-09-24 00:46:00).
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