Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció una ambiciosa inversión de 750,000 millones de pesos en 2,400 kilómetros de infraestructura ferroviaria, un proyecto que promete redefinir el transporte en el país. De esa suma, aproximadamente 1,600 kilómetros se destinarán a trenes de pasajeros, mientras que el resto financiará las obras de carga del Tren Maya y el Corredor Interoceánico. Sin embargo, surge la pregunta: ¿es realmente justificable una inversión de este alcance?
Analizando la cifra, dividirla entre los 220,000 pasajeros diarios que el gobierno espera que utilicen la nueva red resultaría engañoso. Un tren no solo es un medio de transporte; su impacto se extiende a lo largo de décadas, abarcando beneficios más allá de lo económico. La mejora en los tiempos de traslado, la reducción de accidentes y congestiones, la disminución de la contaminación, y la integración de ciudades son solo algunos de los aspectos que deben ser considerados. De acuerdo con el gobierno, se estima que estos nuevos trenes podrán reducir en un 40% los tiempos de viaje y evitarán 360,000 toneladas de emisiones contaminantes anualmente.
Las proyecciones de pasajeros son cruciales, ya que muchas de ellas dependen de la realidad de la demanda. Para el AIFA-Pachuca se anticipan 107,000 pasajeros diarios, mientras que para la conexión México-Querétaro-Irapuato se esperan 50,000. Es necesario señalar que las estimaciones han sufrido ajustes. Por ejemplo, el Tren Maya, que se proyectó alcanzar los 80,000 pasajeros diarios en 2023 y 220,000 para 2033, ha transportado cerca de 711,000 personas en total entre enero y julio de este año, lo que da un promedio de solo 3,350 pasajeros diarios, aún por debajo de lo esperado.
En cuanto a El Insurgente, que costó aproximadamente 100,000 millones de pesos, se estimó que movería 140,000 pasajeros diarios en su recorrido completo. Sin embargo, actualmente está operando con cerca de 51,000 pasajeros diarios, lo que representa alrededor del 36% de su demanda proyectada.
No obstante, esto no implica que el Tren Maya o El Insurgente sean inversiones erróneas. De hecho, el recorrido de El Insurgente ha optimizado notablemente el tiempo de viaje, que anteriormente podía durar más de dos horas en automóvil. En este sentido, el Tren Maya podría también ofrecer beneficios turísticos y regionales significativos, lo que a su vez podría justificar un subsidio.
Sin embargo, el desarrollo no puede ser una excusa para cualquier costo. Es imprescindible que el gobierno proporcione estudios de costo-beneficio y aclare cómo se calcularon las proyecciones de pasajeros. Además, deben presentarse datos claros respecto al costo operativo de los trenes y los subsidios necesarios. Este tipo de transparencia es fundamental, considerando que se están destinando 750,000 millones de pesos a un proyecto de esta magnitud.
Los nuevos trenes podrían justificar esa inversión, independientemente de si generan utilidades o no. Sin embargo, es necesario que se demuestre la validez de las proyecciones iniciales y cómo estas servirán para medir los resultados a mediano y largo plazo. El caso del Tren Maya y El Insurgente pone de relieve la discrepancia entre las estimaciones de pasajeros y los números reales, un factor que no se puede ignorar al momento de evaluar la efectividad de estas iniciativas. La claridad y la consistencia de la información son esenciales en este proceso.
Este artículo se basa en información disponible hasta el 24 de septiembre de 2026.
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