La reciente reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México tuvo lugar el 24 de septiembre de 2026, donde se decidió mantener la tasa de interés en 6.50%, una decisión que se tomó de manera unánime. Este enfoque se enmarca en un contexto donde la política monetaria mexicana se muestra independiente de los ajustes que pueda realizar la Reserva Federal de Estados Unidos, subrayando que las condiciones macroeconómicas en ambos países son diferentes.
El Banco de México enfatizó que, aunque se espera un ajuste de la tasa de fondos federales, su política no reaccionará de manera automática a esos movimientos. Esta declaración se considera un paso importante para evitar la “dependencia mecánica” respecto a la política monetaria estadounidense. Los analistas destacan que el comunicado refuerza la idea de un desacoplamiento, apuntando que la variación del tipo de cambio y su posible impacto en los precios al consumidor son factores que influirán en las futuras decisiones del banco central.
Desde la pasada reunión, se observó un incremento en las tasas de interés de los valores gubernamentales y cierta volatilidad en el peso mexicano. Esto ocurre en un contexto donde el mercado anticipa que la Reserva Federal continuará aumentado su tasa, lo que podría disminuir aún más la diferencia con la tasa mexicana.
Pamela Díaz Loubet, economista para México de BNP Paribas, destacó que la expectativa de que el Banco de México seguiría al pie de la letra los movimientos de la Reserva Federal se ha visto moderada por este anuncio. Antes de la reunión, el mercado creía que el banco mexicano también realizaría ajustes, pero la comunicación del 24 de septiembre frenó tales anticipaciones.
En cuanto a la economía, se destacó que, en el tercer trimestre del año, el ritmo de crecimiento ha comenzado a moderarse. La Junta de Gobierno prevé condiciones de holgura económica, sugiriendo que persistirán riesgos a la baja para la actividad económica en los próximos trimestres. Sin embargo, la reciente información sobre el Índice Global de la Actividad Económica (IGAE) ha arrojado datos que podrían cuestionar la profundidad de esta brecha de producto negativa, sugiriendo que la presión sobre la economía podría no ser tan intensa.
Con respecto a la inflación, el Banco de México mantuvo su pronóstico de llegar a la meta del 3% para el cuarto trimestre de 2027. No obstante, se ajustaron al alza las previsiones de la inflación subyacente para los dos últimos trimestres de este año. El pronóstico para el tercer trimestre pasó del 3.8% al 3.9%, mientras que para el cuarto trimestre se elevó de 3.5% a 3.6%.
El Banco de México también identificó varios riesgos al alza que podrían afectar su pronóstico inflacionario: la persistencia de la inflación subyacente, disrupciones debidas a políticas comerciales o conflictos geopolíticos, afectaciones climáticas, presiones de costos y una depreciación del peso mexicano. Con estos elementos, se perfila un panorama en el que el Banco de México busca mantener un equilibrio entre el control de la inflación y la adaptación a un entorno económico cambiante.
Estas decisiones y pronósticos son cruciales, no solo para la política económica interna, sino también para la estabilidad financiera del país en un contexto global incierto.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


