La tranquilidad de la comunidad estudiantil de Cuernavaca se ha visto abruptamente interrumpida tras el asesinato de dos jóvenes de 17 años en la Preparatoria Número 2 de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Este trágico acontecimiento ocurrió el pasado sábado en la Colonia Chulavista, dejando además a un tercer adolescente herido. La gobernadora, Claudia Sheinbaum, se pronunció sobre estos hechos durante su conferencia matutina, calificando la situación como “muy, muy lamentable”.
Sheinbaum declaró que la Secretaría de Gobernación, encabezada por su equipo, se pondrá en contacto con la rectora de la universidad y con los estudiantes, buscando entender las inquietudes y necesidades de la comunidad universitaria y explorar medidas adicionales de prevención para garantizar un entorno seguro. “Es esencial saber de primera mano qué está pasando y cómo podemos actuar”, afirmó la mandataria.
No es la primera vez que la violencia se cierne sobre los estudiantes de la UAEM. Este doble homicidio resuena profundamente en un contexto ya marcado por la pérdida de otras alumnas, incluyendo el asesinato de Claudia Tacoronte Aguilera, una estudiante española de intercambio, el pasado 12 de septiembre en Cuautla. La Fiscalía estatal ha decidido investigar su muerte bajo el protocolo de feminicidio, reflejando la gravedad de la situación.
Las protestas estudiantiles han comenzado a surgir, clamando justicia y mejores medidas de seguridad, tras la serie de asesinatos que han afectado a la institución educativa. El temor y la indignación crecen entre los estudiantes, quienes exigen respuestas y acciones efectivas por parte de las autoridades.
Además, la gobernadora Sheinbaum ha instruido a Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, a prestar especial atención a la creciente ola de robos y delitos en Cuernavaca. A pesar de que los homicidios han disminuido en la región, otros delitos han mostrado un alarmante aumento, lo que requiere una respuesta coordinada y efectiva.
Este panorama, que envenena la vida académica y social de muchos jóvenes, exige una atención inmediata y decidida de las autoridades. La lucha por la seguridad y la justicia en esta comunidad continúa, mientras los ecos de los recientes crímenes resuenan en la memoria colectiva. Las vidas perdidas, las voces unidas en protesta y el llamado a la acción son imperativos en un tiempo que no admite más indiferencia.
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