El tipo de cambio entre el peso mexicano y el dólar estadounidense se ve influenciado significativamente por el contexto financiero internacional. En el mundo de las monedas emergentes, el peso ocupa una posición destacada, siendo la tercera moneda más líquida, sólo detrás del renminbi chino y la rupia india. Este fenómeno de alta liquidez no es reciente; de hecho, el peso ha estado operando ininterrumpidamente en un mercado global las 24 horas del día durante los últimos 15 años.
Los analistas destacan que el comportamiento del peso frente al dólar está intrínsecamente ligado a factores externos. Felipe Mendoza, analista de EBC Financial Group, subraya cómo el entorno internacional afecta directamente la cotización de la moneda mexicana. Aranxa Sánchez, economista principal de Bankaool, corrobora esta afirmación al señalar que el peso ha mantenido su relevancia como una de las divisas más utilizadas a nivel mundial en mercados emergentes.
La operatividad del peso es notable: un 82% de las transacciones se llevan a cabo fuera de México, lo que resalta su atractivo para inversionistas que buscan un refugio frente a riesgos de otras monedas emergentes con menor liquidez. Según datos del Banco de Pagos Internacionales (BIS), el peso es la decimocuarta moneda más negociada a nivel global, con un volumen diario de operaciones aproximado de 153,000 millones de dólares. Es importante señalar que solo un 20% de estas operaciones están respaldadas por actividades comerciales reales, mientras que el 80% restante responde a transacciones especulativas.
A pesar de su atractivo, el contexto reciente ha llevado a una disminución en el interés por el carry trade, una estrategia donde los inversionistas toman prestado en economías con bajas tasas de interés para invertir en divisas que ofrecen mejores rendimientos. Gabriela Siller, directora de Análisis de Banco Base, ha señalado que el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos se ha estrechado, afectando la rentabilidad de esta práctica. Desde el 16 de septiembre, la Reserva Federal de Estados Unidos incrementó su tasa de interés a un rango de entre 3.75% y 4%, mientras que el Banco de México mantuvo la suya en 6.5%.
Este ajuste en las tasas ha llevado a economistas a cuestionar el atractivo del peso en comparación con otras divisas emergentes como el real brasileño, que, a pesar de no tener grado de inversión, presenta tasas interesantes. La flexibilización de la política monetaria en México, apuntada por analistas, refleja una estrategia para mantener un diferencial de tasas que asegure la retención de capitales en el país.
A pesar de las dinámicas cambiantes, el peso mexicano conserva su estatus como la divisa emergente más negociada a nivel global, sustentado en su profunda liquidez y en la eficiencia de sus mercados de derivados. Mendoza concluye que el mercado está experimentando un reajuste en los flujos globales y una redefinición de los rangos técnicos, más que un colapso de la moneda. En un mundo cada vez más volátil, la capacidad del peso para adaptarse y mantenerse relevante es un testimonio de su fortaleza en el panorama financiero internacional.
Los datos proporcionados son a partir del 29 de septiembre de 2026, y cualquier actualización en las tendencias deberá ser necesariamente monitoreada para entender mejor la evolución de este dinámico entorno monetario.
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