Cuando Ernest Urtasun asumió el cargo de Ministro de Cultura hace tres años, su vinculación con el sector cultural era casi desconocida, destacándose solo su afición por el jazz y el cine, además de algunos artículos en la revista Rockdelux. Su carrera previa había estado marcada por la militancia política y la diplomacia, lo que, según sus partidarios, ha influido en su enfoque de la cultura. Estos le atribuyen logros como poner la cultura en el debate público, promoviendo un acceso más universal y llevándola a foros internacionales. Sin embargo, su gestión no ha estado exenta de controversias y críticas, especialmente por parte de los partidos de oposición.
Recientemente, durante una tensa sesión en el Congreso, Urtasun enfrentó preguntas difíciles sobre la efectividad de su ministerio. El Partido Popular cuestionó abiertamente la utilidad de su cartera, mientras que Vox intentó reprobarlo, señalando una “gestión nefasta” y un “flagrante sectarismo”. A pesar de estas críticas, la oposición no logró avanzar en su propuesta de censura.
En respuesta a las objeciones, el ministerio ha defendido su labor, destacando un conjunto de siete páginas en el que se establece que su enfoque principal es considerar la cultura como un derecho democrático fundamental. Entre sus logros sobresale el plan de derechos culturales, aprobado el año anterior, que incluye 146 medidas con una inversión de 79 millones de euros, catalogado como “la primera estrategia cultural integral del país”. También se resalta la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre Políticas Culturales, que se celebró en Barcelona en 2025.
No obstante, han existido críticas sobre promesas no cumplidas. La reducción del IVA para la compraventa de arte, la regulación de la inteligencia artificial en el sector y leyes importantes como la del cine y la Oficina de Derechos de Autor han sido señaladas como compromisos incumplidos. La reprobación de Vox subraya que en lugar de atender necesidades locales, el ministro ha enfocado sus recursos en iniciativas internacionales mientras el patrimonio cultural español presenta problemas estructurales. María Soledad Cruz-Guzmán, portavoz popular en cultura, resumió así su gestión: “El balance legislativo de Urtasun ha sido cero. Parálisis total”.
A pesar de las críticas, la jornada en el Congreso abrió un espacio para reflexionar sobre logros y fracasos, así como sobre las decisiones polémicas, como la cancelación del Premio Nacional de Tauromaquia y el impulso hacia la descolonización de los museos. Estos movimientos han sido aclamados por algunos como necesarios y modernos, mientras que otros los critican por su visión radical.
A medida que se acerca el final de su mandato, el nombre de Urtasun se ha consolidado en la esfera cultural, aunque visto por algunos como un villano. En medio de la tensión, él ha insurgido como una voz firme por la libertad de expresión, pero al mismo tiempo ha enfrentado acusaciones de propiciar una “guerra cultural” y de excluir a ciertos sectores del ámbito cultural.
El ministerio promueve la diversidad, la memoria democrática y la inclusión como ejes transversales de su gestión, evidenciando iniciativas como el Bono Cultural Joven, que representa una inversión en el futuro cultural del país, así como actuaciones contra las violencias machistas en el sector. Aun así, la realidad muestra que millones siguen excluidos de la cultura en España, con asistencia a cines que no se recupera después del COVID-19.
Con la finalización de esta legislatura a la vista, el futuro de Urtasun y su legado en la cultura queda en el aire. A la espera de nuevos desarrollos, queda claro que la cultura en España, como un espejo de su sociedad, continúa siendo un tema de debate profundo y crítico.
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