Pasaron más de diez años desde que Rigoberto Perezcano sorprendió con su película Carmín tropical (2014). El director oaxaqueño regresa ahora con Los amantes se despiden con la mirada (2025), una obra que aborda con profundidad y sensibilidad temas sociales que resuenan en su comunidad. En esta nueva narrativa, Perezcano se adentra en la problemática del matrimonio forzado, donde las hijas son intercambiadas por bienes, y explora el choque con quienes se atreven a cuestionar estas prácticas arraigadas.
A primera vista, el filme no se limita a un sencillo alegato contra la injusticia; se desplaza hacia una reflexión más profunda y atemporal, evocando ecos de la obra de Juan Rulfo. La estética de la película se realza con la fotografía en blanco y negro de Juan Pablo Ramírez, que juega con luminiscencias y sombras, sugiriendo una mirada crítica sobre la relación entre el observador y la narración.
La historia gira en torno a Leobardo, que desde la infancia prepara a su hijo Olivo para la vida en Oaxaca. Leobardo no solo le enseña sobre la tierra, sino que también lo instruye en enfrentarse a desafíos, incluyendo su propia muerte. Este viaje culmina en una exploración del amor prohibido entre Olivo y Elida, una joven que lucha contra el compromiso matrimonial que sus padres imponen con Damián, un personaje que simboliza el machismo y las tradiciones opresivas.
Elida, en su lucha por ser dueña de su propio destino, desafía abiertamente a sus padres, cuestionando el valor que le otorgan como mujer. Si bien su amor por Olivo es indiscutible, su deseo de decidir por sí misma es lo que verdaderamente la motiva. Esta representación de la juventud ansiosa por cambiar las normas sociales es un tema vital dentro del filme.
La tensión aumenta a medida que Damián intenta recuperar su honor, llevando la historia a un clímax que entrelaza el amor y la violencia en una danza trágica. A través de sus impactantes imágenes en blanco y negro, Perezcano establece un diálogo entre tiempos pasados y presentes, evocando el lirismo de clásicas obras del cine mexicano.
Las escenas han sido comparadas con las películas de Fernando de Fuentes y Roberto Gavaldón, donde los hombres son atrapados en redes de destino impuestas por una sociedad patriarcal. A diferencia de aquellas historias, Los amantes se despiden con la mirada aborda la temática desde una perspectiva contemporánea, ofreciendo no solo un retrato estilizado de la violencia, sino también un examen de la lucha de los jóvenes por liberarse de las cadenas de sus tradiciones.
En la película, la relación con la muerte se manifiesta a través de la figura de Leobardo, cuya presencia persiste entre los vivos como una conciencia que recuerda lo que es perder y lo que significa construir un futuro basado en el amor y la libertad. Este entrelazado de vida y muerte, así como el arraigo a la tierra, son conceptos que marcan el alma de la narrativa.
Finalmente, Los amantes se despiden con la mirada se presenta como una obra conmovedora que va más allá de la denuncia superficial. A través de recursos cinematográficos que desafían el realismo, el director convierte el dolor y la tragedia en un diálogo visual que invita a la reflexión sobre la vida, el amor y las injusticias que todavía persisten. Con una estética penosa pero hermosa, esta película captura las complejidades de la existencia humana y su resistencia contra la adversidad, mientras nos recuerda la importancia de mirar hacia el sur y escuchar las voces que se alzan desde allí.
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