El comercio agroalimentario en México se encuentra en una encrucijada crucial: no solo se debe abrir nuevos mercados, sino también diversificar la gama de productos ofrecidos y agregar valor a lo que ya se exporta. Este proceso se vuelve esencial ante los cambios en el comercio global y la imperiosa necesidad de generar más inversión y empleo dentro del país.
Julio Berdegué, responsable de Temas Internacionales del Sector Agroalimentario del Gobierno de México, resaltó en el Foro “Pulso agroalimentario, los retos que definirán al sector” la importancia de identificar oportunidades viables. “Agregar valor es fundamental para mejorar el empleo en la zona rural y el bienestar de las comunidades”, afirmó. Para ello, se busca reunir a diferentes actores del sector y fomentar un diálogo constructivo.
Uno de los ejemplos más relevantes citados fue el de las restricciones impuestas por Estados Unidos a la importación de ganado mexicano debido a la plaga del gusano barrenador. Ante este obstáculo, México tomó la decisión estratégica de engordar y procesar el ganado en su territorio, lo que llevó a un aumento del 20% en las exportaciones de carne. Esta flexibilidad y adaptación demuestra la capacidad del país para reinventarse frente a adversidades.
En otro ámbito, el sector del azúcar enfrenta retos significativos. Berdegué sugirió que la industria, junto con Pemex y la Secretaría de Energía, explore la conversión de parte de esa producción en etanol. Asimismo, se ha señalado el potencial del aguacate para la creación y exportación de productos de mayor valor agregado, lo cual podría transformar aún más este sector.
La voz de Juan Cortina, vicepresidente de Comercio Exterior del Consejo Coordinador Empresarial, complementó estas ideas al afirmar que la diversificación debe enfocarse en identificar productos donde México pueda ser verdaderamente competitivo. “Son precisamente estas situaciones las que te instan a innovar y a cambiar la manera de hacer las cosas”, subrayó.
El avance en esta dirección debe apoyarse en ciencia y tecnología, desde el desarrollo de nuevas semillas hasta la modernización de maquinaria, así como en mecanismos que integren a los pequeños productores al proceso. “El mercado actual exige una garantía de servicio y productividad constante”, concluyó Cortina.
Con estos enfoques, México cuenta con una oportunidad única para transformar su sector agroalimentario, no solo enfrentando los desafíos actuales, sino también posicionándose favorablemente en un mercado global cada vez más competitivo.
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