La reciente muerte de Gonzalo Suárez, ocurrida en 2026 a la edad de 92 años, ha dejado un vacío en el panorama literario y cinematográfico español. A pesar de su longevidad, Suárez era un paradigma de energía y humor, un autor cuya creatividad desbordaba las fronteras de su propia biografía. Tal y como recordó el cineasta Fernando Trueba, la capacidad de Suárez para transformar lo solemne en comedia era asombrosa: “Podía convertir una ceremonia solemne en un vodevil o en una escena de los hermanos Marx”. Su forma de abordar la vida y la muerte parecía, a menudo, un juego de ingenio del que nunca se tomaba demasiado en serio, un rasgo que engañó incluso a quienes le rodeaban.
Suárez dejó huella en su obra, especialmente en La suela de mis zapatos, un compendio de crónicas que escribió bajo el seudónimo de Martin Girard. Este texto, reeditado en 2025 por Random House, refleja una visión crítica y humorística de eventos diversos y personajes variopintos, desde encuentros inusuales hasta crónicas de fútbol que terminaban en persecuciones. La frase “Vivimos solo un instante. Siempre nuevo. Sin antes ni después” encapsula su perspectiva sobre la existencia, rechazando una visión lineal del tiempo y subrayando la fugacidad del presente.
Año anterior a su fallecimiento, en 2023, Suárez publicó El cementerio azul, una colección de relatos que deslumbró a muchos. Este libro sirvió como un recordatorio de su indomable creatividad, mostrando que, a pesar de sus años, aún podía cautivar y encender la imaginación en sus lectores. En el primer relato, titulado “Un invierno en Lisboa”, se desdibuja la frontera entre la realidad y la ficción, un tema recurrente en su obra, donde su realismo mágico y su sensibilidad cinematográfica se entrelazan.
Su lugar en la literatura contemporánea ha sido objeto de reflexión por autores como Javier Cercas, quien afirmó que Suárez fue el primer escritor posmoderno español. Sin embargo, a lo largo de su vida, Suárez mostró un desdén por ocupar un “lugar” en el canon literario, eludiendo clasificaciones y agrupaciones. Su filosofía personal se resume en su creencia de que “nadie debe ser definido por la profesión o cargo que ejerce”, enfatizando que la verdadera medida de una persona es su estilo y sus actos.
El epílogo de La suela… nos recuerda que el estilo es un reflejo de la actitud, y la actitud, de la personalidad. En una anécdota reveladora, Suárez ridiculizaba su sola mención como “cineasta” durante su tiempo como patrono de la Biblioteca Nacional, demostrando su deseo de ser reconocido en todos sus matices, no solo por su carrera cinematográfica.
La singularidad de Gonzalo Suárez, un autor que a menudo se situaba al margen de las tendencias de su tiempo, perdurará en su obra, y su legado se seguirá sintiendo en el ámbito cultural español, donde su estilo inconfundible y su aguda percepción de la realidad continúan inspirando a nuevas generaciones.
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