El conflicto en Yemen, que se arrastra desde hace más de una década, ha vuelto a intensificarse, dejando una estela de caos en la región. El pasado domingo, el ejército regular de Yemen llevó a cabo ataques aéreos en la capital Saná, actualmente bajo control de los hutíes, que han recibido respaldo desde Irán. Este bombardeo se produce en un contexto marcado por el creciente enfrentamiento entre los hutíes y Arabia Saudita, que apoya al gobierno yemení reconocido internacionalmente.
La escalada de hostilidades se ha intensificado desde julio de este año, y ya se siente el impacto directo en la población civil. Según la información oficial, el ejército yemení reivindicó “bombardeos devastadores” dirigidos a objetivos de los hutíes, aunque los detalles sobre estos ataques son escasos. Corresponsales en Saná reportaron al menos cinco explosiones y aviones de combate sobrevolando la ciudad, una actividad militar que se había mantenido relativamente alejada en los últimos años.
En una cadena de eventos paralelos, la organización Almasirah, cercana a los hutíes, informó sobre lanzamientos de misiles sauditas que apuntaron a la infraestructura de telecomunicaciones en Sadah, un bastión hutí al norte del país. Esta serie de ataques marca una reactivación de la violencia, ya que por primera vez en años, la capital ha sido blanco de bombardeos.
Los hutíes no han permanecido callados durante esta nueva oleada de agresiones. Ellos utilizaron misiles para atacar instalaciones de Aramco, el gigante petrolero saudita, en dos ocasiones recientes: una en la ciudad portuaria de Yanbu y otra en el sur del país, alegando que sus acciones fueron “precisas y directas”.
La situación humanitaria en Yemen se torna cada vez más crítica. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU advirtió que la crisis alimentaria podría volverse “absolutamente devastadora”, afectando a millones en un país que ya lidia con el hambre y la pobreza extrema. La reciente ofensiva de los hutíes hales permitido tomar control de la costa del mar Rojo, lo que refuerza su dominio sobre el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, mientras decretan un bloqueo sobre la flota saudita.
Este resurgimiento de la violencia subraya un conflicto que no muestra señales de amainar, sino que se agrava día a día. Los esfuerzos internacionales para mediar en la crisis deben intensificarse, y el mundo entero observa con atención, esperando que se frenen los ataques y se encuentre una solución que brinde alivio a la sufrida población yemení.
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