Durante la primera mitad de 2026, la Inversión Extranjera Directa (IED) procedente de Estados Unidos hacia México experimentó un notable crecimiento del 14.7% en comparación con el año anterior, ascendiendo a 16,871 millones de dólares. Este incremento consolidó a Estados Unidos como el principal socio comercial e inversionista de México, representando casi la mitad (48.2%) del total nacional de inversión en dicho período. Este fenómeno se reflejó en 17 entidades federativas, subrayando la importancia de la relación entre ambos países en el ámbito económico.
Los flujos de inversión más significativos se concentraron en regiones con un alto desarrollo industrial y económico, destacando la Ciudad de México, Nuevo León, Baja California, Jalisco, Estado de México y Baja California Sur. En un caso excepcional, Zacatecas vivió un extraordinario aumento en la inversión, con cifras interanuales que crecieron hasta 26 veces. Otros estados, como Tabasco, Campeche y Puebla, también lograron revertir saldos negativos anteriores hacia resultados positivos, lo que pone de manifiesto un dinamismo económico en diversas regiones del país.
No obstante, el Banco de México (Banxico) manifiesta cierta cautela ante la incertidumbre provocada por la política comercial estadounidense y las revisiones anuales del T-MEC. Estas variables podrían impactar en las decisiones de inversión, especialmente en las regiones del norte y centro de México. Sin embargo, el banco también resalta que las negociaciones continúan activas, lo que podría abrir oportunidades estratégicas para la relocalización de procesos productivos y el fortalecimiento de las cadenas globales de valor.
España se posicionó como el segundo inversionista más significativo, liderando en seis entidades, incluidas Quintana Roo y Oaxaca. Otros países como Hong Kong y Francia también contribuyeron con inversiones en dos estados cada uno, entre otros como Canadá, Brasil, Reino Unido, Taiwán y Japón. La inversión estadounidense se centró principalmente en los sectores de la banca múltiple y la fabricación de vehículos, reflejando una diversificación en las áreas de interés.
A medida que avanza 2026, las dinámicas de inversión seguirán siendo un tema crucial en la agenda económica, con implicaciones que se extenderán más allá de lo financiero, afectando también al desarrollo regional y el empleo en el país. Las decisiones futuras dependerán, en gran medida, de la estabilidad política y comercial entre México y Estados Unidos. Este panorama abre la puerta a la posibilidad de un crecimiento sostenido en un ambiente interconectado y en constante evolución.
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