El paisaje del Océano Glacial Ártico ha experimentado cambios significativos en este 2026. El 12 de septiembre, la extensión de la placa de hielo alcanzó su mínimo anual, con 4,6 millones de kilómetros cuadrados, una medida comparable al territorio de España multiplicado por nueve. Este fenómeno climático ha generado diversas reacciones y estrategias políticas en la región.
El 22 de septiembre, un acuerdo crucial fue firmado en Nueva York. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a los primeros ministros de Dinamarca y Groenlandia, Mette Frederiksen y Jens-Frederik Nielsen, ratificaron un pacto que permite al Pentágono establecer dos bases en Groenlandia. Este acuerdo otorga a la OTAN un derecho de veto sobre operaciones militares e infraestructura que otros países ajenos a la Alianza puedan planear en la isla. Este movimiento del lado estadounidense parece cerrar un capítulo de tensiones que se había extendido desde 2019, cuando Trump mostró un interés renovado en la antigua demanda territorial sobre Groenlandia.
Durante este tiempo, se temían acciones unilaterales por parte de Estados Unidos que llevaron a Dinamarca a enviar tropas a la isla, un despliegue inusual desde 1996. Las negociaciones culminaron en un acceso más cercano a un recurso invaluable: el fondo marino, que podría albergar minerales estratégicos. Canadá también ha afirmado que su plataforma continental se extiende más allá, buscando sostener derechos de explotación de recursos bajo el mar, lo que ha llevado a una agitación diplomática con Rusia, que ha hecho reclamaciones similares.
El periodo actual se describe como el más intenso en la denominada “carrera por el Ártico”, evocando el término histórico relacionado con la lucha por el control de África en los siglos XIX y XX. Hoy, ocho países, incluidos Rusia, Canadá, Dinamarca y Estados Unidos, compiten por influir y controlar esta remota región. A estas naciones, se suma el interés emergente de China, que intenta justificar su inclusión a la “carrera” con el argumento de la proximidad geográfica, a pesar de que su territorio más cercano está a 1,450 kilómetros del Círculo Polar.
Los científicos están desempeñando un papel esencial en esta dinámica. El 16 de agosto, dos rompehielos, el canadiense ‘Louis S. St. Laurent’ y el sueco ‘Oden’, realizaron una expedición al Polo Norte para recoger datos geológicos y topográficos que fortalezcan la reclamación canadiense sobre el lecho marino. El objetivo es claro: asegurar derechos sobre unos dos millones de kilómetros cuadrados de fondo marino.
Sin embargo, la disputa no se limita al fondo marino. Las aguas que separan las numerosas islas del Ártico canadiense también están en juego. Mientras Canadá sostiene que son aguas territoriales, Estados Unidos las considera internacionales, lo que permite el tránsito de su flota, complicando aún más las relaciones bilaterales entre ambos países.
Las capacidades navales de Estados Unidos se ven comprometidas por la falta de rompehielos, lo que empuja a las naciones árticas a fortalecer su colaboración dentro de la OTAN. En 2026, Suecia, Islandia y Finlandia han presentado nuevas doctrinas de seguridad para abordar los desafíos que presenta el entorno cambiante del Ártico, responsabilidad que han asumido en gran medida ante la incertidumbre provocada por la política de defensa de Washington.
El contexto ambiental también juega un papel crítico. La temperatura en el Ártico ruso es menos severa debido a la corriente del Golfo, favoreciendo la navegación y permitiendo que Rusia expanda su industria petrolera en el área. La empresa estatal Rosneft ha comenzado a exportar petróleo del puerto de Bukhta, un puerto que simboliza el desarrollo de infraestructura estratégica en la región.
El interés de China en el Ártico ha llevado al lanzamiento del ‘Arctic Express’, una línea de carga que permite la transferencia de productos entre Asia y Europa a través de esta ruta. Este movimiento resalta la creciente importancia del Ártico como una vía comercial alternativa que evita tensiones geopolíticas prominentes en otras rutas marítimas.
A medida que avanzamos en este año, los patrones de competencia y cooperación en el Ártico se están redefiniendo, y las acciones de los involucrados seguirán influyendo en la dinámica internacional. La carrera por este vital espacio continuará siendo uno de los principales focos de atención en los años venideros.
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