El estado de las presas en Querétaro presenta una situación alarmante, con niveles de almacenamiento que se encuentran por debajo del 50%. Este escenario plantea serias preocupaciones para la disponibilidad hídrica, crucial para las actividades agropecuarias en 2027.
A pesar de que la temporada de lluvias podría extenderse hasta enero, persiste la incertidumbre sobre la intensidad de las precipitaciones y su capacidad para reponer los cuerpos de agua. Según Rosendo Anaya Aguilar, secretario estatal de Desarrollo Agropecuario, la precipitación pluvial de este año ha sido insuficiente. A finales de septiembre, las presas quedaron en un 47% de su capacidad, lo que genera inquietud tanto en los productores agropecuarios como en las autoridades.
La Comisión Nacional del Agua (Conagua) estima que continuarán las lluvias, con la esperanza de que se recuperen los mantos acuíferos y la humedad del suelo, sin embargo, las actividades agropecuarias se mantienen a la expectativa. El secretario anunció que trabajarán en conjunto con ganaderos y agricultores para identificar estrategias adecuadas ante posibles escenarios de escasez de agua.
El bajo nivel de almacenamiento repercute directamente en la producción de temporal, que abarca cerca de dos tercios de la superficie agrícola activa del estado, así como en la ganadería. En los últimos catorce años, Querétaro ha experimentado fluctuaciones en los niveles de lluvia, lo que ha dificultado el almacenamiento de sus cuerpos de agua.
Históricamente, hasta 2012, la precipitación anual superaba los 550 mililitros, proporcionando mayor certeza a los productores. Sin embargo, las temporadas de lluvias de la última década han sido cada vez más irregulares y menos confiables. Desde 2022, el estado enfrenta una crisis hídrica que se intensificó en 2024, y aunque se registraron lluvias importantes a finales de ese año, los cuerpos de agua permanecían por debajo de niveles históricos.
El panorama es preocupante, ya que se estima que para 2026, si la tendencia continúa, las reservas de agua podrían ser drásticamente bajas, poniendo en riesgo la producción agrícola y la seguridad hídrica del próximo año. Actualmente, un 66.1% de la superficie agrícola estatal depende de las lluvias, lo que subraya aún más la necesidad de una respuesta rápida y eficaz.
En términos de sequía, después de 14.5 meses sin este fenómeno, se registraron casos de sequía moderada en agosto en dos municipios, y hasta el 15 de septiembre, continuaron teniendo condiciones anormalmente secas. Para 2025, Querétaro cerró con 673.1 milímetros de lluvia, pero de enero a agosto de 2026 solo ha acumulado 350 milímetros, lo que resalta la grave disminución en la disponibilidad de agua.
La situación es crítica. Autoridades y productores están en una carrera contra el tiempo, buscando soluciones para enfrentar lo que podría convertirse en un obstáculo insalvable para la actividad agropecuaria. La coordinación entre todos los actores involucrados será clave para mitigar los efectos de esta crisis hídrica en Querétaro.
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