El inicio del tercer año de un sexenio es un periodo crítico para cualquier administración gubernamental. En este punto, las expectativas se reconfiguran y la dinámica política se transforma. Con el final de la luna de miel inicial, se imponen las realidades de las cuentas públicas, que son inexorables. Además, sobre todo en el contexto mexicano, este año marca un cambio significativo en la política sucesoria, conforme a lo establecido por el artículo 84 de la Constitución.
Una vez superado el segundo año, se elimina la ventana de una nueva elección, lo que desactiva presiones externas e incluso algunas provenientes de aliados cercanos. Esto otorga a la presidenta Sheinbaum la oportunidad de implementar una visión de gobierno más personal, junto a aquellos miembros del gabinete que decida mantener.
Sin embargo, los márgenes de maniobra del gobierno son limitados, especialmente en dos áreas fundamentales: la seguridad y la economía. En cuanto a la seguridad, el gabinete, liderado por el General Ricardo Trevilla y el secretario Omar García Harfuch, ha emprendido un enfoque radicalmente diferente al de la administración anterior. La seguridad se ha vuelto un eje primordial y la relación con Estados Unidos, particularmente con el gobierno de Donald Trump, se ha fortalecido.
En el ámbito económico, el gobierno enfrenta la necesidad de mejorar la corrección fiscal y simultáneamente invertir en sus propios proyectos. Sin realizar una reforma fiscal efectiva, se limitan las herramientas disponibles, lo que obliga a adoptar decisiones políticas que no desestabilicen la economía. Cualquier cambio en la Secretaría de Hacienda requeriría aprobación de los mercados y, aunque esto podría desentonar con el estilo de la Cuarta Transformación, es un requisito casi ineludible.
Es importante destacar que el éxito del gobierno podría medirse en su capacidad para consolidar la fiscalidad, especialmente tras el legado complicado del mandato anterior. Sin embargo, toda administración busca dejar una impronta propia en la historia, y llegar al tercer año puede ofrecer un respiro en el control externo, incluso cuando proviene de quienes se dicen ser aliados.
Así, con el inicio del tercer año de su mandato, la presidenta Sheinbaum se encuentra en una encrucijada que, aun siendo desafiante, también presenta oportunidades para definir su legado y presentar un estilo de gobernanza que la distinga en la historia reciente del país.
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