La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha alcanzado un hito significativo al aprobar su reforma electoral este jueves, 8 de octubre de 2026, que busca establecer una mayor estabilidad política en Italia. Esta legislación, que obtuvo 227 votos a favor y 164 en contra en la Cámara de los Diputados, ha sido objeto de intensos debates y controversias a lo largo de su tramitación.
La reforma, conocida como ‘Stabilicum’, es central para los planes de Meloni en su último año de mandato. Su intención es poner fin a la inestabilidad crónica que ha caracterizado la política italiana, con un sorprendente número de 68 gobiernos en los últimos 80 años. La medida fundamental establecida en la nueva ley es el ‘premio de mayoría’, que otorga un ‘botín’ de escaños a la lista o coalición que logre obtener al menos el 42% de los votos, garantizando así un mayor poder parlamentario. Este premio consistirá en 70 escaños adicionales en la Cámara de los Diputados y 35 en el Senado.
Sin embargo, el diseño de las listas electorales ha generado descontento, ya que reintroduce un sistema de ‘preferencias’ donde se fijan líderes, pero los demás candidatos dependen de los votos de los electores. Esto ha provocado tensiones, incluso dentro de su propia coalición. Entre las críticas se encuentra la del socio menor, la Liga de Matteo Salvini, que se opone a esta modificación.
La reforma también establece límites al poder obtenido a través del premio de mayoría; así, la coalición ganadora no podrá controlar más de 220 escaños en la Cámara Baja, que cuenta con un total de 400, y 113 en el Senado, que tiene 200. Además, se incrementa el umbral de votación necesario para que una lista acceda al Parlamento: un 10% para coaliciones y un 3% para partidos independientes.
Otro aspecto interesante es la obligación de las formaciones políticas de nombrar en su programa a su candidato a primer ministro. Esta disposición busca aportar claridad y evitar los negociaciones posteriores que han sido comunes en el sistema político italiano. Meloni ha manifestado su deseo de implementar el ‘premierato’, lo que permitiría la elección directa del primer ministro; sin embargo, esta propuesta ha enfrentado críticas, ya que se considera que podría restar poder al presidente de la República.
La reforma también impone un mayor obstáculo para la creación de nuevos partidos al exigir 6,000 firmas en cada una de las 49 circunscripciones electorales, cifra que se cuadruplica respecto a la anterior. A favor de los votantes, se permite ahora votar fuera del lugar de empadronamiento.
Respecto a la paridad de género, se ha alcanzado un compromiso que no aplicará esta exigencia a los cabezas de lista, pero sí a los otros candidatos, que deberán alternar entre hombres y mujeres.
La oposición ha criticado fuertemente la reforma, sugiriendo que es un intento de Meloni de allanar el camino hacia las elecciones generales del 2027. A esta ley se le ha dado el apodo irónico de ‘Melonellum’, destacando las dudas sobre su conformidad constitucional.
Meloni había advertido a sus parlamentarios acerca de la importancia de aprobar la ley, señalando que no dudaría en tomar nota si se producía un fallo en la votación. Hoy, con la reforma nuevamente en vigor, la primera ministra cuenta con un marco legislativo que le permitirá competir en las elecciones generales del próximo año, en un contexto donde su gobierno se ha consolidado como el más longevo de la democracia italiana, a menos que se produzcan intervenciones por parte del Tribunal Constitucional.
Al frente, la oposición, aunque fracturada, se prepara para poner a prueba estas nuevas reglas, mientras el nuevo representante ultraderechista, el general Roberto Vannacci, amenaza con desafiar el control de Meloni en el Parlamento.
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