El 10 de octubre de 2026, Nueva Delhi se convirtió en el escenario de conflictos entre manifestantes y autoridades tras una manifestación del movimiento conocido como “Cucarachas”, que se oponen a las acciones de la Comisión Electoral de la India. La movilización fue desarticulada por las autoridades con una operación significativa que resultó en más de 1.000 detenciones, además de heridos tanto entre policías como entre los manifestantes.
La ofensiva alcanzó a los líderes del Cockroach Janta Party (CJP), incluyendo a figuras prominentes como Abhijit Dipke, Saurav Das y Ashutosh Ranka, junto a políticos opositores como Arvind Kejriwal y Mamata Banerjee. La represión no se limitó a los manifestantes, pues varios periodistas y abogados también fueron detenidos, lo que generó preocupación sobre la libertad de prensa y el derecho a la defensa legal.
Bajo la dirección de la Policía, más de 30.000 agentes fueron desplegados por la capital para frenar la marcha. Las calles quedaron desiertas durante la tarde, y la información llegó a los ciudadanos a través de altavoces que advertían sobre las posibles repercusiones legales para quienes intentaran congregarse. La protesta se centraba en la reciente revisión de los padrones electorales, que dejó fuera a aproximadamente 130 millones de votantes, con críticas hacia una depuración que se argumenta afecta principalmente a las minorías y a sectores vulnerables.
Con el fin de evitar alteraciones del orden público, las medidas de seguridad se intensificaron, incluyendo la interrupción de accesos a internet y el cierre de estaciones de metro en el área del centro de la ciudad. Mientras tanto, los manifestantes que lograron acercarse al lugar de concentración fueron, en su mayoría, reprimidos.
Un episodio notable ocurrió cuando un grupo de manifestantes superó una barricada y se enfrentó a las fuerzas de seguridad, resultando en heridas para al menos dos agentes. Esta tensión se evidenció aún más cuando un manifestante fue herido y requerido atención médica.
Tras la detención de la cúpula del CJP, Ajinkya Shinde asumió la portavocía del movimiento, instando a los simpatizantes a mantener la lucha, incluso en los puntos donde fueran detenidos. La retórica del movimiento se intensificó con acusaciones hacia el primer ministro, Narendra Modi, a quien no se le había escuchado pronunciarse públicamente sobre los incidentes, mientras que un portavoz del Bharatiya Janata Party calificó la marcha como un esfuerzo fallido de “fuerzas anárquicas” para desestabilizar el país.
Los acontecimientos del 10 de octubre son una representación clara de las tensiones que persisten en la política india y la lucha por la representación y derechos de los ciudadanos frente a un sistema electoral en revisión. La situación continúa desarrollándose, y se prevé que las repercusiones de estas protestas y las respuestas del gobierno sigan generando un interés significativo en la dinámica política del país.
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