Una reciente actividad en el mar de China Oriental ha reavivado las tensiones entre China y Japón. El 10 de octubre de 2026, una flotilla de la Guardia Costera de China (CCG), liderada por el buque Xiamen, llevó a cabo un “patrullaje de defensa de derechos” en las aguas alrededor de las islas Senkaku, un archipiélago administrado por Japón pero reclamado por Beijing. Este acto, caracterizado por la CCG como parte de un cumplimiento legal, no especificó el número de embarcaciones involucradas ni las maniobras realizadas.
Las islas Senkaku, también conocidas como Diaoyu por China, son deshabitadas y están situadas a unos 150 kilómetros al noreste de Taiwán. La disputada zona marítima, que se cree contiene reservas significativas de gas y petróleo, ha sido un foco de conflicto desde que Japón nacionalizara tres de las islas en septiembre de 2012. Desde entonces, Beijing ha sostenido que las islas son parte de su territorio histórico, desafiando el control japonés que data de la guerra entre ambos países a finales del siglo XIX.
Más allá de este marco, el patrullaje de la CCG se produce en un contexto de creciente fricción diplomática entre las dos naciones. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, había declarado previamente que un ataque chino contra Taiwán podría justificar la intervención de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Las últimas acciones de la Guardia Costera de China también coinciden con las acusaciones de Beijing hacia el líder taiwanés, Lai Ching-te, quien es acusado de buscar la independencia de la isla provocando una mayor tensión en el estrecho de Taiwán.
Zhang Han, portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado chino, declaró que Lai “ignora los hechos” y que su discurso refuerza una “mentalidad separatista”. Por su parte, Lai ha insistido en que el aumento del gasto en defensa de Taiwán —aproximadamente 1,12 billones de dólares taiwaneses para 2027, equivalente a unos 35.042 millones de dólares— busca disuadir conflictos y no provocarlos.
Este panorama tenso, que incluye maniobras marítimas chinas y un refuerzo militar japonés, refleja una compleja red de intereses regionales que desafían la estabilidad en el Indo-Pacífico. Conocedores del conflicto temen que una escalada de hostilidades pudiera tener repercusiones no solo para Japón y China, sino también para la comunidad internacional, que permanece atenta ante los eventos en una de las regiones más estratégicas del mundo.
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