Por: Ariel Avilés Marín
Hay ocasiones en las que la vida nos pone en un lugar y, de momento, no sabemos para que. Me sucedió el martes, 12 de octubre, y lo que sucedió me permite poner las cosas en claro con mucha objetividad, objetividad que da la calidad de haber sido testigo a visu de lo ocurrido, de principio a fin. Me refiero al suceso ocurrido en la glorieta del llamado Remate del Paseo Montejo, en la que se ubica la estatua la estatua de Montejo, Padre e hijo. Lo que me tiene admirado es que, la inmensa mayoría de los medios de comunicación y las redes también, están haciendo circular una versión de los hechos que no esta apegada a la realidad de lo ahí ocurrido. Aquí y allá se dice que, un grupo de jóvenes realizo una protesta por el 12 de octubre, y que por ello se embadurnó nuevamente el monumento, y que finalmente, los autores del asunto se retiraron como si nada hubiera ocurrido. Y esto, no es verdad. El periodismo, tiene el firme compromiso con la verdad, la cual tiene el deber de difundir sin restricción alguna, y ceñirse a ella exclusivamente; es por eso que, habiendo tenido la calidad de testigos presencial de lo que ahí ocurrió, tengo el ineludible deber de aclarar lo que me tocó en suerte en suerte atestiguar muy de cerca.
Por una de esas coincidencias de la vida, de esas que no planeamos, me cité con un amigo de toda la vida, a tomar un café en el Impala, y por esas cosas casuales, ocupamos una mesa a la orilla de la cafetería, muy próxima a la glorieta, así que, sin proponérnoslo, mi amigo y yo quedamos como un balcón especial para seguir muy de cerca los sucesos que estaban por ocurrir. Estábamos en lo más ameno de la plática, cuando de proto, un grupo como de diez chicas y chicos, salieron del Remate y se apostaron al césped de la glorieta y empezaron a emitir unos gritos entrecortados, muy semejantes o los que están acostumbrados los marroquíes. El grupo portaba unas mantas con leyendas en las que exponían las razones para oponerse a la construcción del tren maya; ni una palabra relativa a la llegada de colón, de los españoles o de la conquista. El tema de protestas del grupo estaba muy bien definido. Uno de los muchachos llevó la voz cantante del evento y expuso que este grupo era representante de los pueblos mayas de las selvas afectadas por dicha obra, lo cual, a ojos vista, era totalmente falsos. ¿Y que sucedió? Absolutamente nada, nadie se tomo la molestia de escucharlos, de enterarse siquiera que querían. Los que estábamos en la cafetería, seguíamos cada quien en lo suyo, y creímos que esto, así iba a quedar.
Al darse cuenta el grupo de que materialmente nadie los estaba peleando, decidieron cambiar la tónica de la propuesta, y eligieron un tema totalmente fuera de lugar. La perorata del chico de la voz cantante, se lanzo ahora contra los proyectos de Tulum y Xcaret. La oratoria del muchacho, nuevamente fue coreada por los gritos marroquíes, hasta que, algún alma caritativa los puso al tanto de que, tanto Tulum como Xcaret esta en Quintana Roo, y ellos estaban en medida, la capital del estado de Yucatán. Desde mi mesa, tan próxima, pude observar que los muchachos se desconcertaron; entonces tres de ellos, decidieron subir a la base del monumento y empezaron a estampar sus manos con pintura en la piedra labrada. En una hazaña de acrobacias y malabares, llegan hasta la estatua misma y empiezan a golpearla. Eran muy evidente que, la intención era llamar la atención a toda costa. A estas alturas, a mi amigo y a mi nos cabía la menor duda de que, este era un grupo de chicos, pagados por no sabemos quien, con la orden precisa de hacer escandalo y llamar la atención a toda costa, aun la de su vida, pues si uno de ellos hubiera caído de lo alto del monumento, las consecuencias hubieran sido verdaderamente trágicas.



