Cinco días después de que el Pentágono diese por cerrado el caso del ataque con dron que mató a diez civiles en Kabul en agosto, una investigación del diario The New York Times publicada este sábado demuestra que el “trágico error” que asumió haber cometido en los últimos días de la retirada de Afganistán se ha repetido con frecuencia, especialmente desde 2014, cuando el uso de aviones no tripulados para golpear posiciones yihadistas en Siria, Irak y Afganistán se convirtió en un recurso habitual.
El pentágono sobre “incidentes”
La investigación se basa en 1.300 informes del Pentágono sobre “incidentes” que causaron víctimas entre la población civil. Fueron obtenidos por el diario gracias a la ley que consagra la obligada transparencia de las administraciones. Mientras la versión oficial del Pentágono ha venido presentando los bombardeos de drones como una acción “quirúrgica” -limpia y precisa-, la realidad de los hechos constata un reguero de datos de inteligencia erróneos o cuando menos imprecisos, que se sustanciaron en “daños colaterales” inevitables.
En cinco años, el Ejército estadounidense lanzó más de 50.000 ataques aéreos en Afganistán, Siria e Irak. Ha admitido haber matado accidentalmente a 1.417 civiles en los países del Creciente Fértil desde 2014. Cuando el comandante en jefe de las fuerzas armadas era el presidente Barack Obama, que privilegió este método de combate. En Afganistán, la cifra reconocida de civiles muertos es de 188 desde 2018.
La información del diario se ha elaborado durante meses. Con análisis de los documentos obtenidos y verificación sobre el terreno de los datos de los archivos oficiales en más de un centenar de sitios bombardeados. El número de víctimas mortales entre la población civil ha sido “significativamente subestimado” en los informes por el llamado “sesgo de confirmación”, la tendencia a sacar conclusiones conforme a lo que se cree más probable, explica el diario.
De este modo, los militares vieron a miembros de los equipos de rescate que corrían hacia el lugar de un bombardeo como combatientes del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas inglesas). Por lo que procedieron a disparar. Lo mismo sucedió, recuerda el diario, con un grupo de motoristas que marchaba en formación: fueron tomados por elementos terroristas por el Pentágono y convertidos en objetivo militar. Los errores de identificación se fundamentaron en el citado “sesgo de confirmación”.
Las promesas de transparencia del demócrata Obama
Se convirtieron posteriormente en “opacidad e impunidad” por parte del alto mando militar. El diario ha debido emprender varios procesos ante el Pentágono y el Comando Central (CENTCOM, en sus siglas inglesas) para poder acceder a la información. Solo en 2016 se adoptaron sanciones contra una docena de militares por su papel en un ataque aéreo en octubre de 2015 contra un hospital de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kunduz (Afganistán), que causó 42 víctimas mortales. Ninguno de los sancionados afrontó cargos penales.
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